viernes, 15 de enero de 2016

Zoroastro de pies descalzos

Perdemos el control. Nos quedamos sin pensamiento de base y elocubraremos acerco de nada. Perdemos el control y nos quedamos sentados sobre nuestra podredumbre. Expiamos sueños incumplidos y los amores del Canaan. Saltan chispas entre la elocuencia y sus manos blancas. Estiro la mano hacia lo más alto de mi cúpula de cristales rotos y viendo el sol, comienzo a no querer esforzarme por impedir que sus rayos magenta y carótidos lo envuelvan todo. Perder el control y no estremecerme con menos ahínco del debido. Mi alma reposa placentera como justo antes de siquiera empezar a sentirla. Sin control ni respiración honda. El corazón de las tinieblas se mantiene sordo. Lloriquear no sirve de nada. No sirve de absolutamente nada. Pero duele cuando sabes que la piel de monda de limón aún rajando la garganta, acabaría en su ingesta al tragarlo, curando las cicatrices a base de tantos gritos.

jueves, 29 de octubre de 2015

Negra estampa

La tierra reposa plácida. Mis pies siempre fríos se pelean con el suelo. Cada paso es un pequeño salto al vacío. Tan solo un paso puede costarte toda una vida de insufribles torturas. Así transcurre el devenir y así se nos presenta. No llega a romperse la calma ni el silencio, se vician ambos lentamente a causa de los vapores de las malas decisiones. Acabamos gritando y lo jodemos todo. Ando cansado y así no es fácil que pueda llegar a correr a avisar de la llegada de los persas, pero juro por Dios, como un maldito no creyente harto de malas vibraciones cósmicas, que hay resquicios de fe. Sigue habiéndolos a pesar de la tormenta. Oí hace tiempo hablar de los tifones. Nos balanceamos como el viento por miedo, bailando, asidos por la ira o bajo los efectos de múltiples estupefacientes. Nos gusta dar vueltas sobre nosotros mismos. Y empiezo hablando de servidor, que de tanto caerse ha afectado a la gravedad de la Tierra. Mientras la tierra sigue reposando plácida a mis pies. Me consume una ira descomunal hacia ningún motivo. Por ningún motivo. Por mi propia necedad. Y alargo una telaraña mental que lo envuelve todo y me complica la respiración. Y toda conclusión hallada en la ausencia de aire no puede llegar a defender ninguna causa ante un jurado; Ante las escuetas estrellas que parpadean a veces. Sobre todo si me da por mirar hacia arriba, y las lámparas golpean furiosas luz por todas partes, superponiéndose a la de farolas y ventanas, y dejando algún hueco para alguna tímida estrella. Una silvante de ojos claros y puntas de flecha. Parpadeo. Riego mis plantas con la asiduidad debida, osea cuando no llueve. Mi templanza vale menos que el papel y ostento un ánimo de mil demonios cuando deja de llover. Soy uno de tantos tifones hechos de carne y pulso temploroso. Me vengo arriba y escupo con fuerza. Las ventanas empañadas, la ceniza que se intuye y un silencio negro. He recorrido a cada mujer como devora el fuego un pasto de verano por amor a la belleza y al arte de devorar, pero jamás encontré mayor paz que sumergir la cara dentro de blancas flores de albahaca. Como si de los pechos de la madre naturaleza se tratasen. Recobro el aliento en mitad de la madrugada. Me enderezo, bostezo, estiro los brazos y prendo fuego. Exaltación del yo. Acto reflejo. He dejado a un lado las lógicas aplastantes , ya no corrijo por defecto, apenas me manifiesto y rompo a llorar por dentro forzando la más gracil de las sonrisas en señal de afecto. Rimo a veces sin quererlo y mientras giro en varios tiempos, a tiempo, nublo la vista y estallo. No negaré la compleja vida de un niño perdido, el perder la paciencia a mitad de camino por forzar la máquina. La máquina de follar, citando a Bukowski. Lucho por estar enamorado, porque los cristales amanezcan limpios sin lejía, por conservar lo poco que me queda de entereza y por brindas las causas perdidas. Dios los crea y nosotros nos reunimos. Siempre ha sido así. Siempre movidos por el viento. Y por causa efecto, tras sumirnos en un delicioso caos, al remontar el vuelo nos graznan cuervos. Cuervos negros, tras las lechuzas de la madrugada. La tierra permanece a la espera de las primeras lágrimas.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Tempus fugit Una llama llora

Las calles olían a sudor de puntas gastadas, a enjambres húmedos y 'esquisos'; La confrontazión edulcorante de una estazión caduca y otra que se erige como espectro de viejas pasiones, que sin llegar nunca a serlo; en cuanto a lo de viejas se refiere, que arrancan la sonrisa del voraz de reconquistas. De vuelta al único hogar donde reside realmente la felizidad, donde las moscas de bar, las de mantequilla y las prinzesas prometidas, a despecho del inglés, danzan como vírgenes cretenses. A la espera de reinos. Quizás también de hojas con que alimentarse. Hojas de estrella, e puntas de flecha y labios calientes con sabor a almendra. El otoño se me tatúa despazio, sus demonios tienen poca estatura ya que van recogiendo los frutos de un verano plagado de una piel muerta que mudar, erosionada por los rayos de sol y las sombras de los agujeros negros.


sábado, 5 de septiembre de 2015

Se me rompió el alma al verte ir; Al ver cómo 'como si nada' se apresurabas a aquel hostal de baldosas verdes. De baldosas verdes y blancas. Te alejaste con un llanto incipiente y una sonrisa marcada. La aventura de la vida no es tragedia que valga. Todo camino nuevo es una suma interminable de oportunidades. Pero aún así te evaporaste antes incluso de que empezara la primera lluvia del otoño. Se te muere el verano en los brazos y tú no dejas de bailar. Tus muslos y tus andares de diosa venida a menos, que no con menos vida. Te cruzaste de acera en dirección contraria y te imaginé girándote para hacer un corte de mangas o sonreír con alguna lágrima en los ojos. Cada uno vive su propio paso del tiempo. Cada uno se rompe a su manera. Y es el no poder elegir cuando cruzar la calle y arrancarte una taza de café y algún insulto o bordería, entre la flojera mitológica, lo que me hace valorar la ausencia: Tu ausencia. Tu sombra, tu interminable incapacidad de comunicarte borracha. Las noches en vela, las mañanas medio muertas, medio muerta, alargando la sombra al estirar todos los músculos del cuerpo estirándote como un león contorsionista. Siempre nos equivocamos a la hora de las despedidas. Nunca nos gustó tener que presenciar nuestra propia madurez al cambiar el 'hasta luego' por un adiós. Seco. Tan seco. Pero nos perdimos de vista como siempre hacemos, nos dimos la pauta a seguir, nos encargamos de olvidarnos de casi todo el mundo y nos dimos al olvido, que tanto nos entretiene. Besos y piel contra piel en una despedida geográfica. Ante mis ojos cada maldita parada de esa bajada a los Infiernos que fue el conocerla. Una maravillosa pérdida de vergüenza, discurso racional y vida a medias. ¡Arde súcubo de piel marchita! ¡ Arde y rehazte con una luz aún mayor! Te daría un puñetazo en el hombro como acuerdo y garantía de tu éxito futuro, pero me conformaré con escupir un poco más de humo, echarte un poco más de menos y saber a ciencia cierta que del amor germinan las plantas más bellas y más fuertes, echas jirones, entre pinchos, plagas y la lluvia. Esa lluvia que define tu estado de peor ánimo. El mejor de los míos. Te tengo dentro, tan dentro que sin ti se me caerían los pilares de un mundo del que formas parte de forma más que intrínseca. Cuesta cambiar un adiós por un hasta luego. Cuesta. Y cuesta bajo siempre se respira mejor. Corre. Adiós.


jueves, 27 de agosto de 2015

Quieto. Distante. Rígido.



Las lechuzas sólo estaban dormidas.
Su ulular desgarrador entre los gritos y el viento atrapa las últimas horas de noche cerrada. Antes del amanecer, casi en paralelo. Ojos como lagos vírgenes donde el amarillo predomina. Apostadas sobre el cable telefónico, uno de buen grosor que soporte el peso, se dedican a gritar desgarradoramente hacia mi ventana. Existe la posibilidad de que no me persigan, de que sea una víctima aleatoria, casual; Es posible que mi corazón tenga demasiado miedo a esa pausa desacelerada durante el sueño. Pero también es posible, dentro de lo que cabe, que esas lechuzas simbolizan la regresión de los fantasmas al interior de uno mismo. Una prueba del sino para recordarte lo vivo que estás y por lo mucho que luchas. Y una amenaza, no alargar demasiado la mano dentro de la boca del lobo, no hacer acopio de locura y declararse insolvente ante Dios. Una insolvencia metafórica. Disolvente.

Ululan almas rotas desde atras de la ventana.
Las paredes agotan el eco sin demasiada prisa.
El corazón se me acelera, se me acelera, se me acelera.
Me quedo impropio. Quieto, distante, rígido.
El miedo. ¡Eso es el miedo!

El miedo a estar presente ante la muerte de uno mismo.
Una muerte prevista y añorada.
Muerte de dulces manos
y
labios
sabor a tierra.

La rapaz vigilia permanece intacta, sin un solo bostezo, sin ánimo de luto. Responden las horas al peso de la congoja. Que por dentro se sonroja con las arterias llenas de viejos recuerdos de gloria. Lechuzas representando la vacuidad del impulso, el sostenimiento del error humano como pilar irrefutable; El epicentro de caos, el punto cero a la tragedia, gritos que anidan entre desnudas plumas y ojos que rielan ante el arranque de ese ardiente baluarte que es el sol de la mañana. Las lechuzas dormirán simulando no importarles lo que ocurra dando paso a ese gallo combativo que con los primeros rayos ahuyenta las sombras forzadas.


viernes, 21 de agosto de 2015

Sin noticias de Ítaca

Me preparé para darse una ducha. Echó al suelo la misma toalla marrón de siempre. Me fui quitando los zapatos, calcetines; Los pantalones, ropa interior y se quitó el amarre que le dejaba el pelo escondido en lo más alto. Abrí el grifo, titubeante como siempre, sin apenas caudal de agua. Caliente. Vapor de agua. Hierve el aire. Me meto bajo el agua, contengo la respiración. Inmerso en un mal pensamiento. ¡Agua bendita que esquilmas la lepra! ¡Agua bendita! ¡Agua bendita! Mis manos se deshacen, mi piel se contrae, se funde, se quema... Nada mejor que agua hirviendo para arrancar las costras de ese amor húmedo, residual en las paredes que antaño ofrecieron el sudor por las baldosas. El corazón bombea despacio. Abro el grifo muy despacio. Muy despacio. Ahora está helada, meto la cabeza bajo el chorro y muero. Muero en un suspiro, eternamente, congelado en ideas dispersas, renovado y extasiado. Aparto de nuevo el grifo frío. Y vuelvo a quemarme. Repito la acción un puñado de veces, me echo gel sobre el cuerpo, me froto con las manos arrugadas y suspiro. Suspiro por los fantasmas que deambulan y te zarandean cuando se aburren. Suspiro por recordar. Por recordar las contracciones del amor. Suspiro para vivir. El espejo se empaña. Sus suspiros son míos. Con una mano me paso el pelo hacia detrás, para reconducir la situación de anarquía. Muevo la cabeza. Me asienten los pandemonios de la dicha suscitada; Que no lograda. Cierro el agua. Lagos quedaron secos tras mi muerte en vida. Lagos de lágrimas que no merecen ser tenidas en cuenta y se secan antes de salir a flote. La corriente sanguínea se acelera al verse como corriente prioritaria y respiro bien hondo. Me seco. Una vez seco, me siento, enciendo un cigarrillo , sirvo una cerveza y me quedo mirando por la ventana. Miro fuera como si estuviera lo que busco. La sombra prometida al descanso del sol aparece mientras nadie la esperaba. Se hace de noche. Me diluyo en la idea de la reencarnación metafórica. De vivir por encima de la congoja y las agallas fallidas, Sonrío porque no es fácil estrellarse y conservar los dientes y la lengua. El tiempo pasa. Muchos lo dejan seguir, lo dejan pasar, entonan un canto de sometimiento al karma y pierden la garganta. Antes siquiera de empezar a gritar. Me esforcé por clavar la vista en uno de los gatos que mantenían el polvo del patio como mero 'atrezzo' e imaginé que Saturno hacía acto de presencia, con lágrimas en los ojos, el hambre de una fiera y el corazón acelerado. Caen cascadas por entre mis hombros de agua acumulada en las alturas. Agito la cabeza, mojando los cristales. Grito casi sin hacerlo en el éxtasis del herido de muerte, mientras echan raíces en mi pecho los limoneros de Boabdil; Y su ácido amargo deja leer mensajes secretos ocultos en páginas aún en blanco. Y pecas.

domingo, 16 de agosto de 2015

Rebosa la llegada de plata

Fumo. Fumo demasiado. Me consumo antes de tiempo. No vivo ya para el drama, ni siquiera me recuesto a sus pies en las noches frías. Ahora simplemente me sostengo en no hacer nada y me dejo llevar. Entre una humareda victoriana y una tos incipiente, seca y áspera. Fumo porque no sé hacer otra cosa. Me sumerjo, me desoigo y no escatimo en saliva. Fumo porque tengo miedo, y fumo por la victoria. Suenan cascos de batalla de fondo. No soy nadie, he huido en diversas direcciones y mis manos están con marcas profundas de cortes de desgarrarme la piel de tanto enredarme en la sombra. Fumo porque al menos así agarro y muerdo una boca ajena... 

(Garganta a dentro), (Garganta adentro).

...y unos labios...

 (Garganta fuera) (Garganta ardiendo)

Fumo, esquilmo mis arterias con la saña del que no controla el vicio, y no vicio mi visión. Pues siempre veo. Pero no oigo, como habiendo perdido los tímpanos en una explosión muy lejana. En alguna batalla o amotinamiento. Ya no escucho como late un corazón acelerado por la pasión, ni el pánico, de ataque mortal. Ya no puedo resumir mi corazonada a evitar equivocarme. Cargo de tabaco negro de vainilla la pipa, aseguro con una mirada rápida que mis zapatos están atados, inspiro con fuerza y dejo que el alma condensada de todos los sueños errantes lo abarque absolutamente todo. Fumo, mientras espero que llueva y así el vaho y el humo se alíen contra el frío de la calle. Aspiro, jalo, imprimo un cupón de descuento al infierno en mis pulmones; Hago reposo de mitologías obsoletas, pierdo la conjura de los necios, calzo un 42 o 43 y siempre que puedo me pierdo. Piso el barro, los charcos, lanzo cerillas ennegrecidas dentro de las alcantarillas y cada vez que me cerca un mal pensamiento aguanto la respiración y aprieto los puños. Aprieto el corazón contra el suelo.

jueves, 30 de julio de 2015

Obey, babe

Times are changing
that I know it
Spiders and mosquitos
Get out of my body!
Green is lovely
I love the weather
Looking for the sunshine, forever

Spring spring spring
4x Spring is over

I smell the flowers everywhere
I see the beauty turning back my neck
Short trouser, t-shirts and hair
Spring is comming, The winter is dead

Obey obey obey obey
the no control
obey obey obey obey
one more time
Obey obey obey the bees and flies
This is the spring, bitch, and I like

I'll made for all a magic trick
and today it's no Halloween
but i bring my pupking bag
the only reason is that i'm so mad

Rest rest rest rest
Rest in peace

Rest rest rest rest
Rest in peace, bae

Rest rest rest rest
Rest in peace

Rest rest rest rest
Rest in peace, babe

Winter is cold, i wanna hot
Now I prefer shadows and holes
Fuck hell's downs every morning
In the battles I'll get the glory

Fight bite death in bloody valley
fight kiss fight i'll be the law
Rock scream loud voice I'm so tired

September comes, fallen in love


Órdago de rosa y espada

Caída en grazia la cúpula zeleste...

Late en mí Nerón, en plena gracia de esa emoción que es el tiempo. Con los ojos rasgados de respirar con la boca seca, en tierra! En propias fronteras! Donde el cuerpo residual del orgasmo cae desplomado cansado. Te me quedas oyendo con la voz entrecortada. El silencio se cotiza a precio del oro. Oro azabache, negro derroche. Languidez de un alma que se deja llevar, que se vacía de congoja. La efímera. Rastas que golpean con sus sombras la pared blanca. Es piel, agujeros negros y elixir. Una película inamovible de libertad que se desprende del ruido; De los truenos y golpes de ira de una suerte siempre en vísperas de darse a la fuga. Pero reposa ahora la madrugada, como habitúa y su sucesión de estrellas es una constante metáfora de como confluye la muerte entre la vida más virginal. El mundo se de-construye en fragmentos de espacios llenos de polvo. Podría quedarme hecho jirones. Polvo al polvo, pero ella respira profundo con la luz iluminando un ala de tinta poco curvada tatuada a ras de gemelo. “Ya me lo cambiaré”, se repite sonriendo. Es libre y vendaval como aire de amanecer que se desprende del ambiente. Una nebulosa de conato de nuevo día apareciendo... Si paso las manos por sus muslos me quedo inmerso, como con una bocanada de marea brava hasta los topes. Quizás deba dejarme llevar y contestar los aún dormidos cantos de pájaros y gallos. Mientras el erizo enroscado en su propia luminiscencia sigue en pleno viaje hacia los confines del sueño, y su aliento de dragón denota paz. Bandera blanca, sábanas sin fauna beligerante. Mute a la musa. Ya arderá Babilonia de nuevo mañana.

¡¡Al amanezer!!


Las copas de los árboles se hacen de sol. Se filtra el calor creciente entre las hojas, las paredes manchadas de ruina y la ventana abierta. Su brisa en nuevo acorde deja arrastrar un olor a café caliente y dientes blancos cerradas en fase R.E.M. No es tarde, nunca suele serlo cuando se duerme cerca mía. Es demasiado pronto para aventurarse a pensar en nada, tan sólo. Mejor seguir durmiendo...

Cansadas almas devoradas por Saturno

Nezios, que os creéis que tenéis un poder enorme en vuestras manos. Necios y poco formados de la cabeza. ¿Acaso no os dais cuenta de que cuando algo no es abarcable nunca consigue ahogarte en una sensación real, incontestable? Dais por hecho que el amor se vende por piezas, a trozo pesado, filtrado, descontaminado a través de la caza regurgitada de ansias, el hambre como motor; la osadía, la desvergüenza y la ironía como amantes de las que presumir. Siempre por escrito. Una vez dos pares de ojos se enfrentan al abismo de la presencia, todos tiemblan, todos lloran como recién paridos y acaban escupiendo 'borderías', bravuconadas y verborrea, barata a trompicones, que no convencen ni a sí mismos. Pero no juzgo, señalo con el dedo a todos aquellos cobardes que olvidaron una lucha honorable hacia la verde inmensidad del amor en pos de henchir su propia sombra, olvidarse del romanticismo y la calidez y optar por pedir el menú gigante, sólo para gigantes. Igual que comprar condones XXL que guardar en la mesita de noche, esperando que Satanás te alargue el rabo o te ceda el suyo propio. Nunca fue tan complicado re-aprender a amar, conquistar las buenas maneras y no asediar con retórica de mercadillo al corazón que late. Evitando así la 'descorazonarizazión' del alma humana. Evitando así que la fe en el amor nunca muera, aunque a veces uno deba masturbarse, correr desnudo por la playa más virgen jamás hallada o empaparse en gasolina para sentir calor. Tantos amantes en la historia, tantas cagadas repetidas por inercia y tantas heridas reabiertas para que en los albores del avance toda esa estrategia y todos esos Carlomagnos y generales Crassos se resuman a un movimiento brusco y epiléptico de pulgares oponibles. Derecha. Me gusta. Izquierda. No me gusta. Ahora sí, ahora no. Ahora deambulo y ahora me siento rey sobre la colina más alta... Con lo bonito que era perseguir hasta el jodido Infierno a Eurídice para acabar perdiéndola. Tantas Eurídices perdidas. Tantos reinos en llamas. Todo naze y muere en una mirada, y ahí donde muchos ven riesgo y padezimiento continuo, otros, clásicos y anticuados, sentimos el maldito corazón delator recordándonos lo vivo que estamos, lo mucho que hay que apretar los dientes y el efecto dilatador del conformismo y la resignación a la hora de la verdad. Demasiados Cyranos con cara de asco, con demasiado miedo a acabar llenos de cristales y cicatrizes, y demasiadas amazonas retraídas en su lucha libertaria, ensimismadas en un efecto boomerang, políticamente hablando. De más. Y a dominar el mundo se ha dicho, adoptando nuevas costumbres, nuevos retos y nuevos hechizos...