Tengo corazón.
Viento en sátira
vuela
se reconvierte en espasmo
¡Marea de mareas!
El sol trina
por salir
y morder las montañas.
Aunque no hay sol,
ni montañas,
ni propia marea.
Granjeo sombras por cada latido pasado
paso por delante de vitrinas
de instantes guardados a conciencia.
No tengo ilusión por recobrarlos.
Caigo en el Diógenes de la numismática,
ofreciendo mi alma al Diablo
por un poco de viento.
Ya no puedo más.
No puedo abrir la mano
y perder los dedos
sin que a nadie le importe.
Ya no puedo más...
...que encontrar un espazio
apartado y en silencio,
encontrarme con la voz del sueño
y gritar muy alto.
No puedo más.
Esperaré como al que le esperan.
Sin prisas, ni agobios...
sin mala fe. Con el alma ardiendo.
Con la fantasía incontrolable
de que su pequeña mano;
(o su pequeña voz, rota y quebrada,
o su habilidad para oler a hierbabuena)
surque mi espalda
marcando en cada pequeño afluente
de cada carizia
una marca atemporal...
De fondo, una sonrisa.
Hoy más que nunca
nace un Nuevo Día,
con sabor a despedida,
con huracanados cambios de huracán,
improvisados rayos de sol, huidizos,
y siquiera nada de hambre.
Será que ya no es primavera, y todo vuelve a arder.
Como siempre.
De corazón.
Como ves.
Caliente.
Caliente.
viernes, 1 de agosto de 2014
jueves, 31 de julio de 2014
Café de Avellaneda
Una habitación con vistas
a un patio.
A ninguna parte
en particular.
El ambiente, cargado
del humo denso del tabaco
se deja iluminar débilmente
entre las cortinas
y las agrietadas persianas
por encima de la mesa.
Cristal en reflejo de ceniza.
Música de fondo.
Se agita el mundo
al otro lado de la ventana.
El viento sopla con aspereza.
Tropieza mi vista
sobre las baldosas blancas y negras,
que estáticas, acumulan polvo.
Una habitación,
un sueño.
Mobiliario en eterna migración,
resaca de independencia.
Sagrada soledad que reverbera
con cada sorbo de café.
Junto a la ventana.
A nadie.
Pequeño reducto de paz
donde las manos se aprietan
y los ojos se dan un baño
de masas, mínimas,
mientras el corazón late
y la tarde se apresura.
Vivir dentro del recuerdo
de una sensación pasajera.
Grita un cielo despejado
en calidez circunfleja.
Suelto lo que sostenía
sobre la mesa.
Dejo de escribir,
mirando al patio
desde las alturas,
y me reduzco al mínimo
denominador común.
Quedo en silencio.
Cierro los ojos,
y huelo la primavera,
en pasado resplandor;
en memorias de una Geisha.
La taza a medio vaciar
fría, impertérrita
y el caliente recuerdo
del primer sorbo,
frente al viento, me compensa.
martes, 29 de julio de 2014
Vida ecuánime
NO entiendo
las patadas del tiempo
ni el óxido de las manillas
del reloj que cuelga en la pared.
Respondo al inconformismo,
ante la incongruencia y el miedo.
Preparo la lengua
para sacarla al sol.
Náufrago de uno mismo,
sin valor ni emociones añadidas,
vástago triste de la suma soledad
que siente
quien alcanza la cima del mundo,
con el borde de los labios
(mientras muere...)
(mientras vive...)
para quedarse de nuevo
flotando boca arriba
en los charcos de fango
que afloran en la superficie
de las calles...
Me gustaría apretar los puños
y encontrar un instante
de Tierra Prometida,
sin echarme a llorar,
entre la melancolía
de recuerdos intensos y cercanos,
demasiado indescriptibles
como para ser soñados.
Solo deambulo entre pesadillas...
Dime, Diosa Fortuna:
¿Tango ahajé tu coraza de buena esperanza
y fe en la irresoluble incordura del que ama,
como para que ahora, en ráfaga,
en corta y cuarenta,
me arranques las pasiones,
ilusiones,
susurradas entre sábanas de arena mojada,
delineando un futuro que no se deja ya oler.
Entiendo los motivos del CAOS,
del ecléctico vaivén de la compostura.
Entiendo que no sea el momento,
y no ser más que la persona sobrante..
.
Entiendo la fácil supresión de mi persona,
de mi voz, de mi alma.
Lo juro, que lo entiendo.
Sin categorismos, sin arrastres de marea,
sin palabras que edulcoren ni embellezcan
la caída de los jardines colgantes.
Pero no puedo evitar amar,
no puedo apartar mi reflejo,
NO quiero hacerlo,
¡Sé que soy imperfecto!
Corrijo mi voz con la congoja acumulada
respiro de mala presenzia, No sueño
NADA
Espero mirando por la ventana, como quien vive,
ensimismado, dudando de que el viento me traiga
un pedazo de piel, espuma de Atlántico,
el sabor de tus labios, las chinas sombras
de tus dedos sobre mi espalda...
Demasiadas palabras. Puedo resumirme...
Ni todo es tan negro, ni huele a horno de leña.
La pureza reside en los latidos que no me pertenecen.
La distancia es una puta despiadada,
un contexto fácil y escabroso.
He decidido en máxima discreción
no callarme ni una lágrima más,
No puedo.
Porque no puedo.
Y aunque sale el sol,
y casi puedo inventarme
que se siente con una carizia,
suenan palmas en vez de latidos,
palmas en eco,
aplausos de fin de función.
Una muesca más,
poco soy más que eso.
Derribo las puertas de Roma,
para encontrarme sólo los cuerpos
sin vida
de cada uno de mis sueños.
las patadas del tiempo
ni el óxido de las manillas
del reloj que cuelga en la pared.
Respondo al inconformismo,
ante la incongruencia y el miedo.
Preparo la lengua
para sacarla al sol.
Náufrago de uno mismo,
sin valor ni emociones añadidas,
vástago triste de la suma soledad
que siente
quien alcanza la cima del mundo,
con el borde de los labios
(mientras muere...)
(mientras vive...)
para quedarse de nuevo
flotando boca arriba
en los charcos de fango
que afloran en la superficie
de las calles...
Me gustaría apretar los puños
y encontrar un instante
de Tierra Prometida,
sin echarme a llorar,
entre la melancolía
de recuerdos intensos y cercanos,
demasiado indescriptibles
como para ser soñados.
Solo deambulo entre pesadillas...
Dime, Diosa Fortuna:
¿Tango ahajé tu coraza de buena esperanza
y fe en la irresoluble incordura del que ama,
como para que ahora, en ráfaga,
en corta y cuarenta,
me arranques las pasiones,
ilusiones,
susurradas entre sábanas de arena mojada,
delineando un futuro que no se deja ya oler.
Entiendo los motivos del CAOS,
del ecléctico vaivén de la compostura.
Entiendo que no sea el momento,
y no ser más que la persona sobrante..
.
Entiendo la fácil supresión de mi persona,
de mi voz, de mi alma.
Lo juro, que lo entiendo.
Sin categorismos, sin arrastres de marea,
sin palabras que edulcoren ni embellezcan
la caída de los jardines colgantes.
Pero no puedo evitar amar,
no puedo apartar mi reflejo,
NO quiero hacerlo,
¡Sé que soy imperfecto!
Corrijo mi voz con la congoja acumulada
respiro de mala presenzia, No sueño
NADA
Espero mirando por la ventana, como quien vive,
ensimismado, dudando de que el viento me traiga
un pedazo de piel, espuma de Atlántico,
el sabor de tus labios, las chinas sombras
de tus dedos sobre mi espalda...
Demasiadas palabras. Puedo resumirme...
Ni todo es tan negro, ni huele a horno de leña.
La pureza reside en los latidos que no me pertenecen.
La distancia es una puta despiadada,
un contexto fácil y escabroso.
He decidido en máxima discreción
no callarme ni una lágrima más,
No puedo.
Porque no puedo.
Y aunque sale el sol,
y casi puedo inventarme
que se siente con una carizia,
suenan palmas en vez de latidos,
palmas en eco,
aplausos de fin de función.
Una muesca más,
poco soy más que eso.
Derribo las puertas de Roma,
para encontrarme sólo los cuerpos
sin vida
de cada uno de mis sueños.
miércoles, 16 de julio de 2014
El Dorado
El espejo frente a mí. Lleno de manchas,
reflejos en negro de mí mismo. Un espejo agrio, resultante del paso abrupto del
tiempo, del descuido, el afán por golpearlo todo. Yo, desnudo, sin apenas luz,
aunque desde la calle las farolas encendidas alumbran hacia dentro, dejando en
reverberación la afirmación de que la oscuridad es asumida y no obligada. Un
yo, tembloroso y lleno de arañazos, interiores o externos, qué más da. Un yo,
abatido, cansado y sin apenas reflejo. Con la mirada fija, en la parte superior
del cristal, mirando con desdén, si puede usa palabra, lo que rebotaba de
vuelta. Juventud. Juventud en pulso con la tentadora inconsciencia de acabar
tatuado por una vida, en marcas, cortes, cicatrices, sin más interés que el
insano sinsabor de quedar plasmadas. Un mapa de carne y músculos. Un mapa sin
puntos concretos, sin puntos g, sin puentes levadizos. Quieto, casi inerte,
parado frente al mismo. Mirándome como quien mira algo que nunca ha visto pero
que le suena. Con la duda del que duda. Sin saber si a ciencia cierta, es el
cuerpo el templo del alma, y si cuando el alma ebulle, el cuerpo se empieza a
pudrir. Como una manzana a la intemperie, como el sueño desenfrenado de la
vigilia. El ego da un paso atrás, no es eso lo que prima. La sensación del que
divisa desde el mástil colono del conquistador tierra árida, y desiertos de
arena sobre arena. Cierro los ojos. No ver nada me relaja. Giro la cabeza y me
quedo con la vista clavada en la ventana, que tras unas cortinas rojas deja
entrar un poco de luz. Un baño leve de fuegos fugaces entre tanta oscuridad.
.Oscuridad.
..Oscuridad..
…Oscuridad…
La boca se me hace agua al pensar que quizás
ese Dorado que tanto obsesionó a Pizarro, que tanta leyenda ha hilado en torno
al sueño de la vida eterna, del oro prometido, de la conquista del paraíso, no
quedaba lejos de ser otra mera leyenda. Me miré el pecho, sin apenas vello, ni
abdominales marcados, y empecé a intuir un destello dorado. Alsacia y Lorena
entre mis costillas, junto al corazón, y yo sin tener ni idea. Golpeé con mi
cabeza el espejo y al tercer intentó conseguí romperlo por una de sus partes.
Cogí un pedazo de cristal, uno bien afilado, recién tallado a golpe de mente y
me lo clavé en la mitad exacta y simétrica del torso. Harakiri de profética
desgracia. Me removí la cría de espejo, en espejismo prolongado, a lo largo de
la piel, formando un corte profundo. La sangre brotaba como buscando un lugar
donde esconderse en cascada hacia el suelo. La luz seguía tras de mí, el espejo,
o lo que quedaba intacto del mismo. Me fui muriendo sin pausa. No por perder el
aliento fui desprendiendo menor reflejo. No había oro en mis entrañas, ni
tierra prometida que valiera la pena mencionar. Sólo sangre y hueso. Una
genuflexión frente a la santa muerte, con los ojos sobre los ojos, con los ojos
sobre los ojos…
La violencia de una juventud desatada en
manos de una fuerza menor. El sueño ininterrumpido en un hilo de aliento,
extinguiéndose de forma paulatina. El vaivén de la ética existencial a un paso
del suicidio. Los acantilados del fin del mundo al otro lado del espejo. Olas
entrechocando, rocas en pie de espuma, y el viento caliente que emana de un sol
en vísperas de clímax. El olor de la noche, el olor a vidrio roto, astillas de
grano. Sólo queda el sonido, los ojos están demasiado cansados. Un sonido a
nueva era, un renacer confuso donde no hay certeza inequívoca ni rastro del
pretérito perfecto. El vuelo de un ángel sobre mi cabeza. Un ángel de plumas
grises y pico curvado. El mismísimo rey de los cóndores, sobrevolándome. Un
cuerpo joven tendido, yaciendo bajo la sombra del sino carroñero. Huele a
azufre y a cera derretida. La farola del exterior ya sin luz imposibilita las
sombras chinescas a través la cortina amatista. La sangre en alfombra de
terciopelo. Babilonia en terciopelo rojo. Sujeto el último pedazo del espejo
con la fuerza del que se niega al abandono. Mi cuerpo se desprende del alma
mientras se va secando como una rosa de Jericó proveniente del desierto. Me
quedo sin salivo. Me quedo. Apoyo la cara al suelo. Vienen los indios. EL
cóndor se posa sobre el espejo observando mi cuerpo, que en baile epiléptico
boquea en busca de aire. Me conformo con la luz que emite el reflejo roto de
cualquiera de los pedazos de mi ira. Ni todo el oro de la entrañas de la tierra
puede asemejarse a la conquista de la tierra prometida, del conocimiento sin
causa aparente, del exilio del miedo o la ilusión de la vida eterna. El sol.
viernes, 18 de abril de 2014
calor ausenzia frío
No reluze el corazón por dentro
ni en su interior la carcoma
se induce al sueño
como si de un impulso
desastroso
y pendular
sus rayos de luz
quedaran huecos.
Aliento de miel.
Agreste denotación
silenciosa.
Fraude de sobrelatido,
confrontazión de
blancas manos.
A distanzia (¿?)
Alza el vuelo
el cóndor,
preso,
hazia el final
del mundo
en una caída
libre
que lo libra
de las enredaderas del suelo.
Bajo sus patas
su sombra se mezcla
con los latigazos del tiempo,
hundido, como de cera,
impasible al oleaje
que del sentimiento se nota.
(Lluvia débil entre nubes grises)
Sombras trenzadas
a mano cambiada,
en la velocidad,
el vapor y la luz
que de entre las ramas mustias
y por mustiar,
de los árboles y valles,
se dejaban filtrar.
Esa sensazión de vazío.
Ese ínfimo pulmón de inquietudes
y sueños, abriéndose y (en)cerrando
mi alma
a escasos centímetros
de un corazón de machadas.
Ni todo fluye siempre con fuerza.
Ni siquiera el amor,
la quinta esenzia del sino,.
Dícese del amargo del alcohol
que quema como fuego lo que toca.
Amargo regusto que a buena honra se paga,
se anhela y se rutinariza.
No por ello pierde fuerza.
No por ello debe serle permisivo.
Pero ante el capricho del azar,
el alcoholismo es Diablo sin juizio,
y la estupidez humana un arma de dobles
sentidos.
ni en su interior la carcoma
se induce al sueño
como si de un impulso
desastroso
y pendular
sus rayos de luz
quedaran huecos.
Aliento de miel.
Agreste denotación
silenciosa.
Fraude de sobrelatido,
confrontazión de
blancas manos.
A distanzia (¿?)
Alza el vuelo
el cóndor,
preso,
hazia el final
del mundo
en una caída
libre
que lo libra
de las enredaderas del suelo.
Bajo sus patas
su sombra se mezcla
con los latigazos del tiempo,
hundido, como de cera,
impasible al oleaje
que del sentimiento se nota.
(Lluvia débil entre nubes grises)
Sombras trenzadas
a mano cambiada,
en la velocidad,
el vapor y la luz
que de entre las ramas mustias
y por mustiar,
de los árboles y valles,
se dejaban filtrar.
Esa sensazión de vazío.
Ese ínfimo pulmón de inquietudes
y sueños, abriéndose y (en)cerrando
mi alma
a escasos centímetros
de un corazón de machadas.
Ni todo fluye siempre con fuerza.
Ni siquiera el amor,
la quinta esenzia del sino,.
Dícese del amargo del alcohol
que quema como fuego lo que toca.
Amargo regusto que a buena honra se paga,
se anhela y se rutinariza.
No por ello pierde fuerza.
No por ello debe serle permisivo.
Pero ante el capricho del azar,
el alcoholismo es Diablo sin juizio,
y la estupidez humana un arma de dobles
sentidos.
jueves, 20 de marzo de 2014
Todo no es piel
No todo es piel...
Apenas hay sombra,
todo es luz,
clara,
polivalente,
ensordezedora, luz
a ras de alma...
Se abre la ventana,
las cortinas, limpias,
con olor a limpio,
dejan pasar el viento,
huracanado
y tempestuoso.
Tan tempestuoso
como insuflarle aire
al Diablo en los pulmones
si pierde el aliento.
Su piel blanca
de escarcha.
Esculpidas las sábanas
en el mármol,
la arcilla universal
hecha arcilla,
piel y huesos.
Toco casi el zielo,
sin levantarme de la cama.
Mis manos, aprietan sus tobillos,
agrietando ese temblor
,con olor a orgasmo,
cada grito,
mientras sus muslos abiertos,
permiten que recorra
los túneles del tiempo,
(...sabor templado a templanza de dioses...)
Aceleras la respirazión.
Sales ardiendo.
Te consumes
de forma espontontánea,
y huelo tu corazón,
bombeando sangre
y más sangre,
mientras mis manos
escenifican la conquista
de Constantinopla
a ultranza de moral impuesta,
y el desacralizado plazer
de perder cada gota de saliva
gritando
como un energúmeno
mudo, marcando el ritmo
de mi ira, mi indezenzia
y mis sueños
con mi lengua...
Cuerpo de monda de limón
boca abajo.
Espigas de bucle dorado
caen por tu cabeza,
invadiendo mis sábanas,
mis mareas de tela...
Con el reverso de mi mano
dejo impresas carreteras
de cicatrizes 'a uña viva'.
Viaje en busca del Dorado,
en un mar blanco
de labios hinchados
y voz fina. (...) (...Como un canto de sirena...)
Cierro los ojos.
Huelo y saboreo
el talento innato
de la fortuna
de arrojarme al vazío,
entre los huecos de tu cuerpo,
y salir indemne...
Sé que no todo es piel.
Todo no es piel.
Hay voz y alma
y pasión desaforada.
Hay amor.
No hay mayor amor al arte,
que desviar la mirada
mientras entra el sol por la ventana.
Esa que antes
dejaba ondear cortinas
dejaba ondear con viento
los bucles de pelo dorado
mientras la mañana
huele a la sordidez
del éxtasis del exceso de piel...
Apenas hay sombra,todo es luz,
clara,
polivalente,
ensordezedora, luz
a ras de alma...
Se abre la ventana,
las cortinas, limpias,
con olor a limpio,
dejan pasar el viento,
huracanado
y tempestuoso.
Tan tempestuoso
como insuflarle aire
al Diablo en los pulmones
si pierde el aliento.
Su piel blanca
de escarcha.
Esculpidas las sábanas
en el mármol,
la arcilla universal
hecha arcilla,
piel y huesos.
Toco casi el zielo,
sin levantarme de la cama.
Mis manos, aprietan sus tobillos,
agrietando ese temblor
,con olor a orgasmo,
cada grito,
mientras sus muslos abiertos,
permiten que recorra
los túneles del tiempo,
(...sabor templado a templanza de dioses...)
Aceleras la respirazión.
Sales ardiendo.
Te consumes
de forma espontontánea,
y huelo tu corazón,
bombeando sangre
y más sangre,
mientras mis manos
escenifican la conquista
de Constantinopla
a ultranza de moral impuesta,
y el desacralizado plazer
de perder cada gota de saliva
gritando
como un energúmeno
mudo, marcando el ritmo
de mi ira, mi indezenzia
y mis sueños
con mi lengua...
Cuerpo de monda de limón
boca abajo.
Espigas de bucle dorado
caen por tu cabeza,
invadiendo mis sábanas,
mis mareas de tela...
Con el reverso de mi mano
dejo impresas carreteras
de cicatrizes 'a uña viva'.
Viaje en busca del Dorado,
en un mar blanco
de labios hinchados
y voz fina. (...) (...Como un canto de sirena...)
Cierro los ojos.
Huelo y saboreo
el talento innato
de la fortuna
de arrojarme al vazío,
entre los huecos de tu cuerpo,
y salir indemne...
Sé que no todo es piel.
Todo no es piel.
Hay voz y alma
y pasión desaforada.
Hay amor.
No hay mayor amor al arte,
que desviar la mirada
mientras entra el sol por la ventana.
Esa que antes
dejaba ondear cortinas
dejaba ondear con viento
los bucles de pelo dorado
mientras la mañana
huele a la sordidez
del éxtasis del exceso de piel...
domingo, 9 de marzo de 2014
'Deslizarse' hazia el oso...
Desperté sentado junto a una secuoya. Aturdido. Desperté sin saber en dónde estaba ni que me había llevado allí. Las manos heladas y los labios rotos casi por completo. Una sensazión de desazón me recorría el cuerpo. Mentiría si dijera que el porqué de donde me encontraba me era indiferente, pues despertar en tierra de nadie, con las manos de otro, y el corazón acelerado no es zielo ni tierra en mi día a día.
Me incorporé despazio. La prisa es de cobardes. Me quedé de pie, primero sobre mí mismo, y más tarde, apenas unos segundos después, apoyado en el tronco de la madre secuoya, que se erigía sobre mi cabeza hasta alcanzar las nubes más rezagadas de la cúpula celeste. Un tronco rudo como mi voluntad, de un castaño cobrizo. A mi alrededor decenas o cientos de troncos que formaban un mapa de cortezas vivas, presencias vivas, sobre la que sostener el alma de todo un bosque. Pilares de madera sobre los que dejar caer la espalda, cansada en el sobresalto de buscar un punto reconocible que me sirviera de guía.
En tan sólo un instante se me vino a la cabeza el motivo de mi sitio. Empecé a sitiar ideas, hilvanar un 'conque' con el cual encontrarme a mí mismo.
La caza del oso...
Fui al bosque para cazar un ejemplar, el más grande que pudiera. No tenía motivos para ello, o al menos no los tenía una vez hube despertado. Estaba solo en mitad de una nada de árboles y olor a otoño. Quizás era otoño, o pasar la noche entre el frío glacial de la naturaleza me había congelado un poco el alma, los sentidos, y por consiguiente la eficienzia de mi pronunciada nariz.
Toa la vida he estado obsesionado con la caza. He apostado mil veces mis ojos en sombras y luzes intermitentes en el quehacer incomprensible de interrumpir la falta de sosiego. El aliento ajeno, mudo y en aras de quedarse en pausa me ha robado horas y horas de sueño. Desde joven me lanzé siempre en un impulso imprevisible hazia la gran verdad que se esconde en la piel ajena. Pronunciadas zarpas y colmillos. Demasiados colmillos para restar importanzia al hecho de que esa búsqueda por esclarecer un impulso podía costarme la vida. Siempre me sentí vivo en el borde de la navaja, al filo de lo imposible, respirando de los pulmones mismos de la montaña, las estaziones esenciales, el fuego fatuo del tiempo...
Desperté por no dezir nazer, de nuevo, en cierto modo, como cada mañana. Esta vez, como un sol de trémula presenzia, el frío me podía y los vestigios de la noche me podían sobre las espaldas. Tenía el cuerpo cortado. La voz rota, de tos pronunciada, y un dolor en el pecho me hicieron pensar que no había sido buena idea perderme sin pensar.
(...de nuevo...)
(...por viejo...)
Cerré los ojos y contuve la respirazión. Inspiré hondo y eché el aire con todas mis fuerzas.
Ahí estaba él.
Ante mí, como una sombra de pelo y garras afiladas estaba el oso. Podía ser cualquiera, pero era el oso que había estado esperando. Abrió la boca mostrándome las simétricas puntas que a lo largo de su dentadura formaban un cepo de marfil perfecto. Perfecto como cada latido que en tono desacompasado temblaba dentro mía, en mí mismo, por cada recoveco de músculo y sangre de mi cuerpo.
La gran bestia parda, portando en su aliento una 'gran verdad', amarga e irresoluble. No tuve miedo por mí. Estaba inquieto en la incomprensible ausenzia de miedo. El animal gritó como un dios crucificado sin abrir la boca. Me lanzó chispas por sus ojos. Su aliento olía a fría noche. Sabía que había estado acechándome, y contuve la respirazión al darme de cuenta de que me había dormido esperando que se acercara. Quería tenerlo cara a cara, frente a frente.
Alargó una de sus garras y me destrozó la camisa. Empezé a sangrar, primero débilmente, luego, no tan débilmente. Y me dí cuenta de que todo mi cuerpo tenía marcas cicatrizadas de garras. En todas direcciones, en todo sentido. Tatuajes de una vida de garras animales. Y me eché a llorar.
No por el hecho innegable de que este encuentro podía arrancarme la vida, sino por todas aquellas cicatrizes que no podía recordar haberme hecho. Errores de una vida relegada a la desidia de una amnesia. ¿Voluntaria y decidida? ¿Deseada?
Puse mi mano derecha, con la otra me sujetaba el pecho justo donde me había marcado con sus uñas de oso, y la coloqué enzima de su cabeza. Se me quedó mirando con la desesperanza de saber que tenía que comerme o acabar conmigo. No le culpo en su apuesta. Quien de impulsos vive, traga agua hirviendo...
Desperté, sentado frente a una vida de dudas. Me fui haciendo a la idea, noche tras día, del 'escapismo'. Repetí raptos de fe y encuentros en mitad de la madre tierra con el mundo animal. Mi cuerpo no me lo podía negar. Cada cicatriz, cada pedazo de carne, cada mustia arruga... Cada sensazión de unión a la causa...
La caza del oso. Su aliento, sus manos y garganta; su olor a hojas húmedas, su fuerza, presenzia, hermosura eran reflejo. Reflejo mi propia sombra, de la atenuante indisposizión a encontrar más motivo que la locura, la batalla, el encuentro con LA BESTIA, como si de un ser mitológico se tratara. Olvidé todo, me olvidé a mí mismo y me obsesioné por cazar al oso, a cada oso cazado, como si fueran mis propios...
...miedos, mis ilusiones y fantasías.
Corazón en epopeya. Un inquieta angustia se me metía por dentro. Se me sigue metiendo. Casi puedo olerle el aliento a esa criatura. Casi pudo oler el otoño, aunque quede bien lejos. prieto los puños, y abro los ojos. Ni siquiera me preocupo por cerrarlos antes. Secuoyas y bosque suntuoso, con un sol que empezaba a morirse, a marchitarse como mi propia voz. Se me hazía de noche, y no tenía ni la piel del oso a la espalda, ni la muerte anunciada cuando creía haber sido atacado por el mismo. No hay osos en campos de secuoyas, no hay demonios donde mora el sueño. Sólo luzes tenues y sombras alargadas, que como sombras chinescas deforman la vista apercibida, regalando una ilusión al 'ojo que no ve, y el corazón que desoye...
Grandes osos vagan por la mente humana, con hambre voraz y paso asentado. Osos sin intenzión ni motivo. Alusiones de majestuosidad, pelo y garra afiladas. Y mientras tanto, yo sigo oliendo el otoño cuando me decido a despertarme tras sentir que se acercan para marcarme a 'muesca viva' revolviéndome en el frío, la vida...
la vida...
la vida...
miércoles, 16 de octubre de 2013
Sazó y melamina
No podía pensar con demasiado claridad. Una atmósfera de rudo carácter le tenía anclado al sillón. Inmóvil, con la mirada fija en un agujero de la pared. Muerto. Aparentemente muerto. Nadie podría asegurar que hubiera pulso en sus brazos o su garganta, siquiera acercándose. Aunque nadie nunca lo había intentado.
No podía pensar con claridad, todo daba vueltas,
arden bosques de eucaliptos en la lejanía
y huele todo a quemado.
El humo le asfixió durante un segundo.
Pensaba que le gustaría
acercarse a la boca el sabor del humo.
A fin de cuentas ardían eucaliptos,
no sustancias tóxicas de alguna central
nuclear, hidroeléctrica, Park...
Catarsis y reverberación de orgasmos
entre los dientes y el labio inferior.
Gimes con locura... pareces viva
y sigo sin pensar demasiado.
Hueles a miel fresca
Hueles a miel
miel fresca miel fresca
No podía pensar con claridad, todo daba vueltas,
arden bosques de eucaliptos en la lejanía
y huele todo a quemado.
El humo le asfixió durante un segundo.
Pensaba que le gustaría
acercarse a la boca el sabor del humo.
A fin de cuentas ardían eucaliptos,
no sustancias tóxicas de alguna central
nuclear, hidroeléctrica, Park...
Catarsis y reverberación de orgasmos
entre los dientes y el labio inferior.
Gimes con locura... pareces viva
y sigo sin pensar demasiado.
Hueles a miel fresca
Hueles a miel
miel fresca miel fresca
martes, 15 de octubre de 2013
Vuelta a la vida
Amante de la desesperanza
de pisar cristales rotos.
Poca cosa de importanzia,
entre tu voz y la mía.
Nada que objetar...
...o demasiado...

Ya no hay apenas un paso
determinado (suplico)
que pueda comerme o morder
para evitar
la mutilazión de mi propia alma.
Sigo avanzando.
Recuerdo, recuerdos, mal sabor de boca...
Trasiego de embolias y muertes negras,
tus uñas se rompen en mi cuello,
hay suficiente sangre para dar vida al amor.
Locura! Coyuntura de titanes
arrastra mi paso hacia un lugar calmado
y dime el porqué de la falta de luz.
Empiezo a correr como alma llevada por el diablo,
...sin propia alma según marcan mis párpados,
cansados de hacer tratos con la noche...
mientras un sol calienta mi cuerpo adormecido.
Hazía tiempo que no me encontraba perdido
entre la piel blanca, el sabor a otoño tardío
bajo los efectos del placebo 'latir'
lengua contra lengua, contra lengua, contra lengua...
de pisar cristales rotos.
Poca cosa de importanzia,
entre tu voz y la mía.
Nada que objetar...
...o demasiado...

Ya no hay apenas un paso
determinado (suplico)
que pueda comerme o morder
para evitar
la mutilazión de mi propia alma.
Sigo avanzando.
Recuerdo, recuerdos, mal sabor de boca...
Trasiego de embolias y muertes negras,
tus uñas se rompen en mi cuello,
hay suficiente sangre para dar vida al amor.
Locura! Coyuntura de titanes
arrastra mi paso hacia un lugar calmado
y dime el porqué de la falta de luz.
Empiezo a correr como alma llevada por el diablo,
...sin propia alma según marcan mis párpados,
cansados de hacer tratos con la noche...
mientras un sol calienta mi cuerpo adormecido.
Hazía tiempo que no me encontraba perdido
entre la piel blanca, el sabor a otoño tardío
bajo los efectos del placebo 'latir'
lengua contra lengua, contra lengua, contra lengua...
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Muelas sin juizio previo
Pies desnudos,
de caminar sobre mojado.
Pies húmedos y desnudos.
¿Acaso puedo siquiera pisar el suelo,
son quedarme anegado
perdido perdido
entre esos charcos
de barro, hierbas y hojas secas
que forman el camino?
Santa hermosura,
de días grises
y dientes turquesa.
Amanecer que lo envuelve todo...
Amanecer de nuevo rostro...
Un viento desnudo
ruido y olores
suaves.
Madrugada de tibia presenzia.
Tenue, apacible.
Un silencio rematado por una brisa
de sabor a calor y óxido.
Dejo los ojos entreabiertos
y noto casi como se escapa el sol
hacia la mañana.
Aunque aún es pronto.
No quiero abrir los ojos...
No
Aparto mi piel,
mis pelos y mis labios.
Nada importa. Solo lo aparto.
Me quedo sin nadie cerca
como siempre.
Amargas bestias
de sombras alargadas.
Estrellas de mala fortuna.
Detino de soñadores en 'sfumatto'.
Cierro los ojos con fuerza
y me quedo oliendo mis manos.
Ahora sí huelo la noche.
Huele a nuevo,
a critales rotos,
humedad y calor.
Respiro despazio,
olvidando que existo.
Sólo, respiro...
de caminar sobre mojado.
Pies húmedos y desnudos.
¿Acaso puedo siquiera pisar el suelo,
son quedarme anegado
perdido perdido
entre esos charcos
de barro, hierbas y hojas secas
que forman el camino?
Santa hermosura,
de días grises
y dientes turquesa.
Amanecer que lo envuelve todo...
Amanecer de nuevo rostro...
Un viento desnudo
ruido y olores
suaves.
Madrugada de tibia presenzia.
Tenue, apacible.
Un silencio rematado por una brisa
de sabor a calor y óxido.
Dejo los ojos entreabiertos
y noto casi como se escapa el sol
hacia la mañana.
Aunque aún es pronto.
No quiero abrir los ojos...
No
Aparto mi piel,
mis pelos y mis labios.
Nada importa. Solo lo aparto.
Me quedo sin nadie cerca
como siempre.
Amargas bestias
de sombras alargadas.
Estrellas de mala fortuna.
Detino de soñadores en 'sfumatto'.
Cierro los ojos con fuerza
y me quedo oliendo mis manos.
Ahora sí huelo la noche.
Huele a nuevo,
a critales rotos,
humedad y calor.
Respiro despazio,
olvidando que existo.
Sólo, respiro...
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