sábado, 3 de marzo de 2012

¿Qué coño importa?

Con la mirada
 rota
sin demasiadas
ganas
de abrirse
y observar,
pues por sentir,
casi que no
siento, quisiera.
Necesito ver,
abrir los ojos
de par en par
y comerme cada puñetero detalle,
cada mala hoja seca,
pájaro muerto y gris cemento.
Quiero.

No tengo excusas
si un Dios
de corte neofascista
me arranca
la buena estrella
y me recibe
al despertar
con un puñetazo
en uno de los lados
de la cara.
Sangrando...
me levanto.
(Aunque sangrase por fuera)
No importa.
Ni le importa a él,
ni demasiado a mí.
Estoy acostumbrado
a girar la cabeza
cuando oigo mi nombre.
A dedicarme a oler
lo que otros simplemente devoran
con sus pupilas brillantes.
Mi lengua putrefacta como lazarillo.
Mis pies fríos, de forma asombrosa.
No me dedicaré a mirarte
de reojo.
Supongo que puedes serme infiel...

martes, 14 de febrero de 2012

Sí (Atras Bilis I)

A garganta
    seca
reseca.
Sequedad
de piel
que se me extiende
a un ritmo desenfrenado
mientras sigue haciendo frío.Mientras sigue haciendo
frío
Mientras sigue haciendo frío.

Celos
del calor, de
la no lluvia,
de días pasados,
¿pasados?
fríos,
como los de ahora,
en los que
la piel
se me rompe
y entre
sus pliegues
se me forman
grietas.

Me gusta el frío.
Quizás demasiado.
No me aporta
nada
salir
y que el sudor
me bañe
todo el cuerpo.
Aunque detesto
llevarme algo
caliente a la
boca
y que por tener los labios
rotos,
celosos y quebradizos,
todo me sepa a sangre.

domingo, 1 de enero de 2012

Mala base al nuevo año

El miedo
se te come
por dentro...
                    tan dentro...
que no
se puede
ni abrir la boca
sin sentir como
la lengua
se seca
entera.

He arriesgado mis manos
apostándolas
en "cuchillos
que se clavan"
y mala comunicación
conmigo mismo.

No quiero
acabar
destripado
bajo las sábanas
inutilizado
y sólo.
Tengo
fantasmas
grises
que me cogen por el cuello
y gritan mi nombre.

Por más que me acompleje
la complejidad
que pasa por mi cabeza,
sigo
saltando al vacío,
(pongamos sentido metafórico)
empujado
por mi propio miedo.

No me soltaré...
No me soltaré...
No me voy a soltar...

Siempre que falla algo
en lo más hondo
de mis entrañas
recorre un sentimiento frío
mi interior.
O viceversa.
Lo importante
es no poder
aguantar las lágrimas
cuando oigo
una posibilidad
en alza
de que se me cierre la puerta
y no tenga fuerzas
para quedarme
de nuevo
angustiado
por una complejidad
tan propia
y tan sagrada
que me cueste la vida
o parte de ella.

Escupo sobre mis principios,
erigiendo unos nuevos.
Mi base emocional
es el fondo quemado de una sartén
tras un desayuno de ceniza.
Nada sabe mejor
que un poco de fuego al despertar.
Negro...
             ...todo me sabe tan negro...

Despertar...
aunado
por labio
                 mejillas hinchadas
                            boca "sobre-abierta"
              corazón a medio roce
y sabor a humo.

Estirar la lengua
cuando caen burbujas de jabón
siempre merece la pena.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Lejos

Ante la necesidad
de querer largarme.
Coger camino,
campo a través
a través de
cada mal agujero.

Tomar parte
en una retirada
a tiempo.
Temo
quedarme
sin recuerdos
de olores
que me hagan olvidarme
como huele
lo que desde aqui
no puede olerse.

Lejos.
Lejos.
Demasiado lejos.

Se me agolpa una sensación
de hongos y otoño
en la boca del estómago.
Sabor enrarecido.
Morirse por dentro.
¡Fuera!
Donde nadie me oiga
ni respirar
ni abrir la boca
por la mañana.

Lejos, donde cuando
me caiga
me desangre
antes
que nadie
pueda socorrerme
ayudarme
tenderme la mano.

Sólo quiero
pisar tan fuerte el suelo
que no quede suelo debajo.
Estirar la yema
de los dedos
y encontrarme
húmedo.
Que quede lluvia,
todo verde,
o todo gris,
y que al acabar
de dar una bocanada
no tenga que dar
explicaciones.
Incluso
olvidarme de respirar.

Despreocuparme,
desnudo
y desnutrido
de miedo,
y poder no estar,
estando,
no aqui.
Estando
donde pueda
estarlo.
Pero lejos.

martes, 25 de octubre de 2011

Rockabilly

Demonios
eventualmente
vestidos de demonios.

¿Quién no es
a fin de cuenta
uno?
Tibio
egoísta
megalománico.

¡Callaos!
No puedo cerrar los ojos.
Me duele.
¡Callaos!
Aún no estoy en el infierno.
No.
Apartad vuestras voces.
Cerrad las lenguas
cansadas
de gritar
buscando el corazón.
No, el mío.

Un solo instante
De silencio.
Respirar,
sin hacerlo,
del aire viciado
por quienes
viviendo acelerados
queman
todo el oxígeno.

Con los ojos cerrados.
No puedo.
No puedes.
Ruido.
Voz en alza,
creciente
difusa…
Dentro de mi cabeza,
apretándome los dientes.

No más demonios.
Sucios por dentro
a luces varias.
Necesito
matar el virus
que me obliga
a mantenerme expectante.
No tengo miedo.
Los demonios
huelen como yo.
Beben de mi boca
y se me comen
como un pedazo
de carroña
guardada
en conserva
durante más
de una década.

Interminable trayecto en autobús

Odio
El ruido
De las voces
Estridentes
Y agudas
Que resuenan
Para sí mismas,
Con el oído propio
Como pared de choque.

La risotada
Interminable
Desagradable
Y áspera
De quien
Olvidándose
Del mundo
Le prende fuego
Sin preocuparse
Siquiera.

Odio
No pensar.
No pudiendo.
No sentir
Quedarme ante el frío.
Humedad.
Todo el polvo se viene abajo.
Mientras
Se me escapa el alma
En cada malsonancia,
Cada ruido
Que sin ser buscado
Me encuentra
Y me deja los tímpanos
Como témpanos de hielo.

Al menos,
Ya comenzó el frío.

lunes, 24 de octubre de 2011

Basura a medio camino del frío

Me gusta
calarme
cada uno
de los huesos.
La lluvia se me cuela.
Hace demasiado
que No.

Necesito ahogarme,
no tragar
polvo
durante unas horas
y respirar con los
pulmones abiertos.

Descansar la vista
en un punto frío.
La ventana me vale.
El cristal
manchado.
Vaho.
Otoño.
Otoño.
Maldito otoño
que tardando en llegar
languidece
en un prolongado
punto y seguido
irregular
e inquietante.

Aunque mejor así.
Demasiado calor
quema
hasta la última neurona.

martes, 11 de octubre de 2011

Hoy no se come

Me lo repites al oído.
Sé que no es fácil
y que te faltan ganas.
Nada me gustaría
más
que arrancarte
las costras de los ojos
y ayudarte
a ver la luz del sol.
Me siento apartado.
Una voz
en tono de grito
metiéndose dentro
de mis oídos
y dejándome completamente
aislado
en una presión
que presiona
presiona
y presiona
hasta hacerme salir
el cerebro por los
agujeros de la nariz.

Acostumbrado
a escupir sangre
allá donde voy.
Al sabor a cobre
y la saliva
amarga
acumulándose
llega un momento
que siento
como si estuviera sacando
una parte de mí mismo.

Sí,
estoy harto
de que mis sentimientos
hacia lo que me rodea
se me vayan marcando
en cada palmo de piel.
Uno se habitúa...
a perder
a no ver nada
a amar la falta de amor
que provoca estar
completamente solo.

Pero tengo motivos
para quejarme.
Ansiedad.
Sequedad de garganta.
Indigestión de humo.
Aún controlo
el movimiento
de mis propios pies.

Siempre hay algún
día más negro que los otros.
Detesto esquivar
los malos días
metido entre las sábanas.
Las mías sudan junto a mí,
en un matrimonio de
conveniencia
renovado semanalmente.
Cuando todo se rompe
y no puedo
ni morderme
la lengua,
me meto bajo el agua hirviendo,
para luego sentarme
a primeras horas de la mañana
con un frío,
no diré otoñal,
de invierno mustio
y espero mientras se me seca el pelo.
A veces me duele la cabeza.
Siempre hay salida
a los malos demonios,
las sombras
y el pánico relacional.

Sólo puede conmigo
un café
con dos cucharadas de azúcar
y su sensación obligada
de meterme a reflexionar
al baño...
Nunca falla

sábado, 8 de octubre de 2011

Simple y sobre aviso

Sé que el dolor te puede
y que apenas
te quedan fuerzas
ni gana alguna
con que afrontar
un vientre hinchado
de distancia
y noches
de cristales
apunto de romperse.

Con la boca
aguada
y llena de tierra.
De sarro corazón,
y sangre
en constante ebullición...
¡Aguanta! el fin del mundo
se nos aparece
con tonos demasiado pálidos
pero siempre
encontramos
pequeños instantes
agrios
a los que aferrarnos
con uñas y dientes
para olvidarnos del miedo
y acabar esbozando
una sonrisa...

viernes, 30 de septiembre de 2011

Venir yendo

La constante necesidad
de moverme,
y no saber si puedo moverme.
Quedarme,
por esperar
a la persona adecuada,
y no ir,
 más lejos
lo que me encuentro .
Acabo
con un cuerpo
 que parece
una lápida en movimiento.
Brillante
lleno
de buenas intenciones.
Vivo.
Me choco
con mi propio peso.
Predispuesto
a la huida,
pero de vuelta
antes de la misma.

Quizás
se abra
una grieta
en mitad del suelo
y al tirarme dentro          ,
acabe
si hay fondo
demasiado lejos
para volver.