lunes, 19 de septiembre de 2011

Habrá momentos

Habrá momentos
que no tenga
ni ganas
ni fuerzas
con que soportar
días aciagos.

Habrá otros,
que andaré
con las manos,
clavándome
cada clavo oxidado,
roca,
o borde afilado,
y no me importará
Lo más mínimo.

La presión
me ayuda a marcar las venas.
Estoy dispuesto
pero no termino de creer,
con la confianza de un niño.

Esperemos
Acertar a la primera.
(Las nueces nunca se rompen entre mis dedos)
Si no es el caso,
Tendré que olvidarme
de los miedos,
y sucumbir a la pesadez
para tras pasar la noche entre sus pliegues,
despertar y tajarle el cuello.

Cómo me gustan esos instantes
Después de diversas ansiedades,
Cuando eres consciente de que puedes con todo,
Y aunque te chocas de frente,
Que siempre lo haces,
Hablas con la firmeza,
De quien se cree lo que dice.

Convertirme en erudito
durante diez segundos.
Es mi Olimpo personal.
Sonreír,
como viendo lo que viene,
ido,
con la miel en los labios.

domingo, 14 de agosto de 2011

Rinogay


Me gustaría
Tener un rinoceronte
Para clavar el cuerno
En cada árbol
Y simular ser el mismísimo Zeus
Con sus rayos.

Un rinoceronte
de piel
Áspera
Gris
Arrugada,
Que no hiciera preguntas,
Ni temiera embarcarse
En un compendio
De calor
En mitad
Del desierto,
Externo o propio.

Ruido


Tras pasar varios días
entre la suciedad
de vivir en comuna,
entre el humo,
continuo
y constante,
que se filtra
por cada habitación del piso,
y el ruido
de la testosterona,
en balanceo diluido,
sobre las tablas
de madera
de cualquiera de las camas;
quedarse en soledad
parece algo
casi demencial.

El ruido,
en su forma
completa e impertérrita,
causa cierto placer.
La rutina
ayuda a ello.

Pero no
por el mal hábito
de no escuchar matices
que del mundo se me ofrecen
perderé la capacidad
de escuchar los propios detalles
del ruido.
Ese ruido de piel quemada,
y estrías a conciencia.

No me termina de llenar
de todos modos
ni la soledad
absoluta
y carcelaria
de noches,
cigarro
y “comerse la cabeza”,
ni la usual
práctica social
de gemir
en consonancia
ajena,
olvidando
el individualismo
adquirido
al salir al mundo.

Me quedo,
como dormido,
en mitad
de un espacio
angosto,
poco iluminado,
con una cafetera
que nunca termina
de escupir café
sobre el fuego
aún encendido
de la vitro-cerámica.
Cuando necesite compañía,
haré señales de humo,
o ya me toparé con alguien.
No me da miedo la soledad.
Sólo,
no saber catarla.

Nadie


Si mi estómago
No está abierto
Quizás
Es por algo.

Transparencia.
Normas acatadas,
Y por acatar.

No todo tiene un tono
Agradable,
Pero el hueso
Se rompe
Apretando los dientes
Con fuerza.

lunes, 18 de julio de 2011

Pleasure

Cerveza.
No, prefiero tomar otra cosa.
Cerveza.
No.
Voy.
¿Puedes ir tú?
…
A Favour…
¿Pleasure?
A Favour, please.
(sonriendo)
Pleasure.
No, favour.
‘’Ple-ser’’
¿Ser?
Pleser, tan y como suena.
No entiendo.
Voy, yo.

Inconformismo

No me conformo
con menos
Que un tajo
En ambas mejillas.
Ni puedo
ni deseo
quedarme
saboreando el conformismo.
Si tengo que colgarme del cuello
para subir más arriba,
que mi nuez sea el toquetear
de las campanas
a la hora de llamarme a filas.

Mis ganas
de lanzarme al vacío
con las manos vacías,
en pos de una incertidumbre
que siempre sincera
me hace temblar.
Pero sigo vivo,
y la duda me da fuerzas.


Ninguna de mis decisiones
vale más que mis cicatrices.
Respiro.
El suelo baile a mis pies.
Si acabo matándome
más de la cuenta,
que sea por algo
que merezca la pena.

Calor

El calor
Me impide subir las persianas.
Es sofocante
Y asfixiante.
Sólo
Cuando comienza a respirarse
Algo de brisa
Puedo arrancarme
Del aislamiento,
Provocado y necesario,
Para sentir un soplo
De aire fresco
Por mi garganta.

Mientras tanto
A mi alrededor
No hay nadie.
Haitualmente
Cuando miro hacia abajo,
Al patio de vecinos
Se me erizan
tres o cuatro gatos
a los que mantengo la mirada.
Pero hoy
no queda ninguno.

Me gusta la sensación
De esconderme del mundo,
Dentro de una oscuridad
Que me huele
Propia,
Para salir al rato
Y seguir estando
Igualmente
Perdido
En mí mismo.

El silencio,
Solo
Con un poco de azúcar,
Es como volver a nacer,
Sin preocupaciones que valgan.

Kafka fuera de la taza

Esta misma noche
mientras estaba sentado
en la taza del váter,
imaginé
que aparecía mi madre,
y me encontraba
con la cabeza
de una cucaracha.

Mi cuerpo,
tal y como
siempre,
con una cabeza
de bicho.
Morada,
con antenas sobresalientes,
y unas pinzas
donde debiera tener la boca.

Es cierto que hay días
que me siento
un bicho sucio
y nauseabundo.
Pero tampoco es algo
que me llegue a horrorizar.
Si me convierto,
espero no tener
la poca fortuna
de desgraciarle la noche
a mi madre;
Y que si me encuentra,
al menos,
tenga la delicadeza
de tirar de la cadena,
después de darme
un beso
de buenas noches.

No lo necesito

No lo necesito.
Quemarme
Las postillas
Resecas
De las necedades vividas,
Lo sentido
Y la exaltación
Pasada
Del yo.
No alcanzaré
Con las manos abiertas
nada de lo que cuelga
allá en lo alto.
El cielo me queda demasiado lejos,
con sus nubes de algodón
y sus ángeles desnudos.

Arrancarme
más y más
las uñas con los dientes
y quedarme
en una sensación
de desolló…
Infectado
 cada vez más
por unos demonios
que sentados
sobre mi espalda,
usan mis ojos
para apostar
las horas de sueño
que perderé
Casi perdido
en mitad el vacío…

Intento encontrar
las baldosas de aquella
tierra de Oz,
amarillas,
como el éxito mismo.
(lo dorado y su brillantez
me produce alergia)
Quizás sólo recogen
el fruto pálido,
 o un reflejo
simbólico,
de la piel
de todos aquellos que sueñan,
y en mitad del insomnio
quedan mudos,
y sin sangre…