domingo, 8 de enero de 2017

Daddy Jimmy Jones
Daddy Jimmy Jones
Dady daddy daddy daddy
daddy Jimmy Jones

Di yei an yei

Di yei an yei

Di yei an yei


While sounds the screaming's crowd
I can see the limousins
The sun is crying, Kill for us
above the sky. Kill for me
No hope no faith. Kill for God
You have a dream, I have a dream


The cult of life
The noise of death
So many time
Don't fall in hell
Oh save me, dad, o father lord
you are in my veins
with no control


Daddy Jimmy Jones
Daddy Jimmy Jones
Dady daddy daddy daddy
daddy Jimmy Jones

Di yei an yei

Di yei an yei

Di yei an yei

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Di yei an yei

Di yei an yei

Di yei an yei

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Fools are not being pure
The hace no future
like the last

lunes, 3 de octubre de 2016

Noche y cicatriz


Me siento a fumarme la vida
como cada noche;
a observarme
con esa saña,
madre del tiempo,
las cicatrices
que me marcan.

Esas jodidas cicatrices,
mapas de descontrol,
y juventud deleznada.

Se me escapan los ojos
Con cada lágrima.
La soledad mortifica,
incluso al dios de dioses.
Pero a mí,
no.
Para eso tengo mi piel
de heridas.

Si me duelo,
lo hago porque flaqueo.
Mi boca sabe más a negro,
Y mis rodillas
no soportan tanto peso.

Aguantando la respiración
como en un sueño;
Vuelvo a enzarzarme
En disputas de mala muerte.
Y mientras escupo sangre,
Se me atraganta la lengua.

Quedo, desnudo
Como un silencio;
Solo,
Áspero, mientras
me trago el corazón.

Tristemente olvidado,
(rey del vómito sentido)
Junto a mis jodidas cicatrices.

Santos inozentes

El temperamento de las espezies

Viene a sobrevenirse sobre
NUESTRAS cabezas
huecas, huidizas;
Presas del remolino
y eternas
lluvias
de
ideas...


lunes, 14 de marzo de 2016

No hay infierno

Mi vida... tantos atajos, tanta vida acumulada entre los dedos, antes de cada caricia. Tus labios, casi ni los recuerdos, mientras un regusto amargo de pasiones desaforadas se me queda en el cielo de la boca. Me muero. Cuesta imaginaros al otro lado del mar muerto, que durante noches fue tornado en encerado de baile.
No hay infierno

jueves, 18 de febrero de 2016

Es Tar (S-D) e

Estarse en la Parra...
Estarse en porte; Inmovilizar el norte.
Escanziada la vista,
escenificar el olvido...
Pararse ante su(s) luna(res),
su marea turbia, su mare nostrum.
Robusta, pálida, glazial...
bajo el limón y la sal
de un gerundio que resuella
contra corriente y tiempo
en gerundio existenzial.
Tic tac
Tic Tac
(Me voy, me voy, me voy, me voy... Que tarde ha de ser ya)

viernes, 15 de enero de 2016

Zoroastro de pies descalzos

Perdemos el control. Nos quedamos sin pensamiento de base y elocubraremos acerco de nada. Perdemos el control y nos quedamos sentados sobre nuestra podredumbre. Expiamos sueños incumplidos y los amores del Canaan. Saltan chispas entre la elocuencia y sus manos blancas. Estiro la mano hacia lo más alto de mi cúpula de cristales rotos y viendo el sol, comienzo a no querer esforzarme por impedir que sus rayos magenta y carótidos lo envuelvan todo. Perder el control y no estremecerme con menos ahínco del debido. Mi alma reposa placentera como justo antes de siquiera empezar a sentirla. Sin control ni respiración honda. El corazón de las tinieblas se mantiene sordo. Lloriquear no sirve de nada. No sirve de absolutamente nada. Pero duele cuando sabes que la piel de monda de limón aún rajando la garganta, acabaría en su ingesta al tragarlo, curando las cicatrices a base de tantos gritos.

jueves, 29 de octubre de 2015

Negra estampa

La tierra reposa plácida. Mis pies siempre fríos se pelean con el suelo. Cada paso es un pequeño salto al vacío. Tan solo un paso puede costarte toda una vida de insufribles torturas. Así transcurre el devenir y así se nos presenta. No llega a romperse la calma ni el silencio, se vician ambos lentamente a causa de los vapores de las malas decisiones. Acabamos gritando y lo jodemos todo. Ando cansado y así no es fácil que pueda llegar a correr a avisar de la llegada de los persas, pero juro por Dios, como un maldito no creyente harto de malas vibraciones cósmicas, que hay resquicios de fe. Sigue habiéndolos a pesar de la tormenta. Oí hace tiempo hablar de los tifones. Nos balanceamos como el viento por miedo, bailando, asidos por la ira o bajo los efectos de múltiples estupefacientes. Nos gusta dar vueltas sobre nosotros mismos. Y empiezo hablando de servidor, que de tanto caerse ha afectado a la gravedad de la Tierra. Mientras la tierra sigue reposando plácida a mis pies. Me consume una ira descomunal hacia ningún motivo. Por ningún motivo. Por mi propia necedad. Y alargo una telaraña mental que lo envuelve todo y me complica la respiración. Y toda conclusión hallada en la ausencia de aire no puede llegar a defender ninguna causa ante un jurado; Ante las escuetas estrellas que parpadean a veces. Sobre todo si me da por mirar hacia arriba, y las lámparas golpean furiosas luz por todas partes, superponiéndose a la de farolas y ventanas, y dejando algún hueco para alguna tímida estrella. Una silvante de ojos claros y puntas de flecha. Parpadeo. Riego mis plantas con la asiduidad debida, osea cuando no llueve. Mi templanza vale menos que el papel y ostento un ánimo de mil demonios cuando deja de llover. Soy uno de tantos tifones hechos de carne y pulso temploroso. Me vengo arriba y escupo con fuerza. Las ventanas empañadas, la ceniza que se intuye y un silencio negro. He recorrido a cada mujer como devora el fuego un pasto de verano por amor a la belleza y al arte de devorar, pero jamás encontré mayor paz que sumergir la cara dentro de blancas flores de albahaca. Como si de los pechos de la madre naturaleza se tratasen. Recobro el aliento en mitad de la madrugada. Me enderezo, bostezo, estiro los brazos y prendo fuego. Exaltación del yo. Acto reflejo. He dejado a un lado las lógicas aplastantes , ya no corrijo por defecto, apenas me manifiesto y rompo a llorar por dentro forzando la más gracil de las sonrisas en señal de afecto. Rimo a veces sin quererlo y mientras giro en varios tiempos, a tiempo, nublo la vista y estallo. No negaré la compleja vida de un niño perdido, el perder la paciencia a mitad de camino por forzar la máquina. La máquina de follar, citando a Bukowski. Lucho por estar enamorado, porque los cristales amanezcan limpios sin lejía, por conservar lo poco que me queda de entereza y por brindas las causas perdidas. Dios los crea y nosotros nos reunimos. Siempre ha sido así. Siempre movidos por el viento. Y por causa efecto, tras sumirnos en un delicioso caos, al remontar el vuelo nos graznan cuervos. Cuervos negros, tras las lechuzas de la madrugada. La tierra permanece a la espera de las primeras lágrimas.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Tempus fugit Una llama llora

Las calles olían a sudor de puntas gastadas, a enjambres húmedos y 'esquisos'; La confrontazión edulcorante de una estazión caduca y otra que se erige como espectro de viejas pasiones, que sin llegar nunca a serlo; en cuanto a lo de viejas se refiere, que arrancan la sonrisa del voraz de reconquistas. De vuelta al único hogar donde reside realmente la felizidad, donde las moscas de bar, las de mantequilla y las prinzesas prometidas, a despecho del inglés, danzan como vírgenes cretenses. A la espera de reinos. Quizás también de hojas con que alimentarse. Hojas de estrella, e puntas de flecha y labios calientes con sabor a almendra. El otoño se me tatúa despazio, sus demonios tienen poca estatura ya que van recogiendo los frutos de un verano plagado de una piel muerta que mudar, erosionada por los rayos de sol y las sombras de los agujeros negros.


sábado, 5 de septiembre de 2015

Se me rompió el alma al verte ir; Al ver cómo 'como si nada' se apresurabas a aquel hostal de baldosas verdes. De baldosas verdes y blancas. Te alejaste con un llanto incipiente y una sonrisa marcada. La aventura de la vida no es tragedia que valga. Todo camino nuevo es una suma interminable de oportunidades. Pero aún así te evaporaste antes incluso de que empezara la primera lluvia del otoño. Se te muere el verano en los brazos y tú no dejas de bailar. Tus muslos y tus andares de diosa venida a menos, que no con menos vida. Te cruzaste de acera en dirección contraria y te imaginé girándote para hacer un corte de mangas o sonreír con alguna lágrima en los ojos. Cada uno vive su propio paso del tiempo. Cada uno se rompe a su manera. Y es el no poder elegir cuando cruzar la calle y arrancarte una taza de café y algún insulto o bordería, entre la flojera mitológica, lo que me hace valorar la ausencia: Tu ausencia. Tu sombra, tu interminable incapacidad de comunicarte borracha. Las noches en vela, las mañanas medio muertas, medio muerta, alargando la sombra al estirar todos los músculos del cuerpo estirándote como un león contorsionista. Siempre nos equivocamos a la hora de las despedidas. Nunca nos gustó tener que presenciar nuestra propia madurez al cambiar el 'hasta luego' por un adiós. Seco. Tan seco. Pero nos perdimos de vista como siempre hacemos, nos dimos la pauta a seguir, nos encargamos de olvidarnos de casi todo el mundo y nos dimos al olvido, que tanto nos entretiene. Besos y piel contra piel en una despedida geográfica. Ante mis ojos cada maldita parada de esa bajada a los Infiernos que fue el conocerla. Una maravillosa pérdida de vergüenza, discurso racional y vida a medias. ¡Arde súcubo de piel marchita! ¡ Arde y rehazte con una luz aún mayor! Te daría un puñetazo en el hombro como acuerdo y garantía de tu éxito futuro, pero me conformaré con escupir un poco más de humo, echarte un poco más de menos y saber a ciencia cierta que del amor germinan las plantas más bellas y más fuertes, echas jirones, entre pinchos, plagas y la lluvia. Esa lluvia que define tu estado de peor ánimo. El mejor de los míos. Te tengo dentro, tan dentro que sin ti se me caerían los pilares de un mundo del que formas parte de forma más que intrínseca. Cuesta cambiar un adiós por un hasta luego. Cuesta. Y cuesta bajo siempre se respira mejor. Corre. Adiós.


jueves, 27 de agosto de 2015

Quieto. Distante. Rígido.



Las lechuzas sólo estaban dormidas.
Su ulular desgarrador entre los gritos y el viento atrapa las últimas horas de noche cerrada. Antes del amanecer, casi en paralelo. Ojos como lagos vírgenes donde el amarillo predomina. Apostadas sobre el cable telefónico, uno de buen grosor que soporte el peso, se dedican a gritar desgarradoramente hacia mi ventana. Existe la posibilidad de que no me persigan, de que sea una víctima aleatoria, casual; Es posible que mi corazón tenga demasiado miedo a esa pausa desacelerada durante el sueño. Pero también es posible, dentro de lo que cabe, que esas lechuzas simbolizan la regresión de los fantasmas al interior de uno mismo. Una prueba del sino para recordarte lo vivo que estás y por lo mucho que luchas. Y una amenaza, no alargar demasiado la mano dentro de la boca del lobo, no hacer acopio de locura y declararse insolvente ante Dios. Una insolvencia metafórica. Disolvente.

Ululan almas rotas desde atras de la ventana.
Las paredes agotan el eco sin demasiada prisa.
El corazón se me acelera, se me acelera, se me acelera.
Me quedo impropio. Quieto, distante, rígido.
El miedo. ¡Eso es el miedo!

El miedo a estar presente ante la muerte de uno mismo.
Una muerte prevista y añorada.
Muerte de dulces manos
y
labios
sabor a tierra.

La rapaz vigilia permanece intacta, sin un solo bostezo, sin ánimo de luto. Responden las horas al peso de la congoja. Que por dentro se sonroja con las arterias llenas de viejos recuerdos de gloria. Lechuzas representando la vacuidad del impulso, el sostenimiento del error humano como pilar irrefutable; El epicentro de caos, el punto cero a la tragedia, gritos que anidan entre desnudas plumas y ojos que rielan ante el arranque de ese ardiente baluarte que es el sol de la mañana. Las lechuzas dormirán simulando no importarles lo que ocurra dando paso a ese gallo combativo que con los primeros rayos ahuyenta las sombras forzadas.