martes, 24 de abril de 2012

Opio, entre espa(l)das

Por todos los medios
me cargué
huesos de
más
sobre mis
hombros cansados.
Demasiado pisar
fuerte
sobre un camino,
como siempre,
inacabado y eter-
No.

Complicado.
Te vuelves
en mitad de
la noche
y te brillan los ojos.
Están cerrados.
Una punzada.
                     Una punzada aún
                                                  más fuerte.

¿Cómo se puede
alcanzar
una estabilidad psicológica
cuando salen de la espalda
raíces de secuoya
que te roban el aire
de los pulmones?
    Me encargaré
de transformar
esas punzadas,
de colmillos
a presión.
Necesito tenerte.
Arriba.
Más dentro.
Cómo si no fueras real.
Y cuando,
vuelva el murmullo,
que se te escapa desde dentro
gritaremos
al mismo tiempo.
Dos bestias
salvajes
en celo,
buscando una nota común.
Un par de hojas,
que en su espera de otoño,
caen desde las alturas
sin dejar de andar el vuelo.

Habrá un escaso segundo
en que mi tinta pueda
sonsacarte una sonrisa,
aún siendo tatuado por dentro,
aún siendo,
sin nacer, aún,
un pedazo de forma inconexa
con que moldear tu boca
para besarte luego.

martes, 27 de marzo de 2012

La piel del oso

Cuando se me pide lengua
sin tragármela
sin quedarme sin voz.
Mudo.
No lo sé,
siendo a ciencia cierta
sincero.

No me gusta
no poder
saber
si las yemas
de mis dedos
están quemadas
por la razón
que sea.

Cambiarme
la piel
por dentro
no es siempre
fácil.

Pero
la carne del oso,
tiene como encanto
su sabor rancio.
Las bestias muerden.
Su rancio regusto.
Con o sin oso.
Acaba quedando
sólo
los pedazos de carne
entre las enzías.
Merece la pena.
Merece la pena.
Merece la pena.
Merece la pena.

Toda excusa
se desvía del asunto
en clave.
(de oso)

lunes, 12 de marzo de 2012

Chica; (en Opio)

Cuerpo humano.
Extremidades.
Carne
sobre carne
sobre más y más carne.
Sudor frío,
más tarde, caliente.
Se me quedan
los músculos
y las manos
hechas un ovillo.
Entrelazado
entre piel frío,
de pies
hielo puro.
Invierno
que me recoge
dentro de sí mismo.

Una voz de fondo.
¡Vuelve!
me reprocha.
Por más que deseo
no perderme demasiado,
acabo con los dedos
desgastados,
como cuando
aún en plena niñez
me sumergía sin límite
ni conciencia
en el fondo de la bañera.

¡Vuelve! - Involuntariamente
me sigo perdiendo.
(En lo que soy, y sigo siendo)
Un pedazo de garganta
ajena
atrofiada y escrupulosa
a la saliva ajena
escupida sin fuerza,
ni ganas, ni pretensión
de crear onda en toda superficie líquida.
Sé leche.
Sé whisky.
Sed.
Misma forma,
misma voz,
mismo carácter,
reconstruido sobre cenizas
casi intangibles.
Sed de ti.

Vuelvo. Y no encuentro
más
que lo que esperaba.
No tenerme el corazón
con giros inverosímiles,
de trazado amargo.
Quizás
            algunas
puntas de flecha
envenenadas
de vez en cuando,
pero siempre ala deriva.
Tal como fuese la del propio Cid.

No por miedo
cambio mis colmillos
por halagos desprovistos de vida.
Permitirlo sería de cobarde.
Por loco ahogaría mis propios ojos
para enjugar mi vista entera
y ver en nuevo, lo que antes no lo fuera.
Pero nunca,
ante nada,
tiraría la llave.
Si con ella te puedo abrir el alma.
Y si en sí misma, es la sensación
de cada mirada mutua,
y cada desacompasado
mal momento
y buen instante,
que consigo arrancarte.

El perro envejece,
pero no su fascinación
por oler culos ajenos.

sábado, 3 de marzo de 2012

¿Qué coño importa?

Con la mirada
 rota
sin demasiadas
ganas
de abrirse
y observar,
pues por sentir,
casi que no
siento, quisiera.
Necesito ver,
abrir los ojos
de par en par
y comerme cada puñetero detalle,
cada mala hoja seca,
pájaro muerto y gris cemento.
Quiero.

No tengo excusas
si un Dios
de corte neofascista
me arranca
la buena estrella
y me recibe
al despertar
con un puñetazo
en uno de los lados
de la cara.
Sangrando...
me levanto.
(Aunque sangrase por fuera)
No importa.
Ni le importa a él,
ni demasiado a mí.
Estoy acostumbrado
a girar la cabeza
cuando oigo mi nombre.
A dedicarme a oler
lo que otros simplemente devoran
con sus pupilas brillantes.
Mi lengua putrefacta como lazarillo.
Mis pies fríos, de forma asombrosa.
No me dedicaré a mirarte
de reojo.
Supongo que puedes serme infiel...

martes, 14 de febrero de 2012

Sí (Atras Bilis I)

A garganta
    seca
reseca.
Sequedad
de piel
que se me extiende
a un ritmo desenfrenado
mientras sigue haciendo frío.Mientras sigue haciendo
frío
Mientras sigue haciendo frío.

Celos
del calor, de
la no lluvia,
de días pasados,
¿pasados?
fríos,
como los de ahora,
en los que
la piel
se me rompe
y entre
sus pliegues
se me forman
grietas.

Me gusta el frío.
Quizás demasiado.
No me aporta
nada
salir
y que el sudor
me bañe
todo el cuerpo.
Aunque detesto
llevarme algo
caliente a la
boca
y que por tener los labios
rotos,
celosos y quebradizos,
todo me sepa a sangre.

domingo, 1 de enero de 2012

Mala base al nuevo año

El miedo
se te come
por dentro...
                    tan dentro...
que no
se puede
ni abrir la boca
sin sentir como
la lengua
se seca
entera.

He arriesgado mis manos
apostándolas
en "cuchillos
que se clavan"
y mala comunicación
conmigo mismo.

No quiero
acabar
destripado
bajo las sábanas
inutilizado
y sólo.
Tengo
fantasmas
grises
que me cogen por el cuello
y gritan mi nombre.

Por más que me acompleje
la complejidad
que pasa por mi cabeza,
sigo
saltando al vacío,
(pongamos sentido metafórico)
empujado
por mi propio miedo.

No me soltaré...
No me soltaré...
No me voy a soltar...

Siempre que falla algo
en lo más hondo
de mis entrañas
recorre un sentimiento frío
mi interior.
O viceversa.
Lo importante
es no poder
aguantar las lágrimas
cuando oigo
una posibilidad
en alza
de que se me cierre la puerta
y no tenga fuerzas
para quedarme
de nuevo
angustiado
por una complejidad
tan propia
y tan sagrada
que me cueste la vida
o parte de ella.

Escupo sobre mis principios,
erigiendo unos nuevos.
Mi base emocional
es el fondo quemado de una sartén
tras un desayuno de ceniza.
Nada sabe mejor
que un poco de fuego al despertar.
Negro...
             ...todo me sabe tan negro...

Despertar...
aunado
por labio
                 mejillas hinchadas
                            boca "sobre-abierta"
              corazón a medio roce
y sabor a humo.

Estirar la lengua
cuando caen burbujas de jabón
siempre merece la pena.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Lejos

Ante la necesidad
de querer largarme.
Coger camino,
campo a través
a través de
cada mal agujero.

Tomar parte
en una retirada
a tiempo.
Temo
quedarme
sin recuerdos
de olores
que me hagan olvidarme
como huele
lo que desde aqui
no puede olerse.

Lejos.
Lejos.
Demasiado lejos.

Se me agolpa una sensación
de hongos y otoño
en la boca del estómago.
Sabor enrarecido.
Morirse por dentro.
¡Fuera!
Donde nadie me oiga
ni respirar
ni abrir la boca
por la mañana.

Lejos, donde cuando
me caiga
me desangre
antes
que nadie
pueda socorrerme
ayudarme
tenderme la mano.

Sólo quiero
pisar tan fuerte el suelo
que no quede suelo debajo.
Estirar la yema
de los dedos
y encontrarme
húmedo.
Que quede lluvia,
todo verde,
o todo gris,
y que al acabar
de dar una bocanada
no tenga que dar
explicaciones.
Incluso
olvidarme de respirar.

Despreocuparme,
desnudo
y desnutrido
de miedo,
y poder no estar,
estando,
no aqui.
Estando
donde pueda
estarlo.
Pero lejos.

martes, 25 de octubre de 2011

Rockabilly

Demonios
eventualmente
vestidos de demonios.

¿Quién no es
a fin de cuenta
uno?
Tibio
egoísta
megalománico.

¡Callaos!
No puedo cerrar los ojos.
Me duele.
¡Callaos!
Aún no estoy en el infierno.
No.
Apartad vuestras voces.
Cerrad las lenguas
cansadas
de gritar
buscando el corazón.
No, el mío.

Un solo instante
De silencio.
Respirar,
sin hacerlo,
del aire viciado
por quienes
viviendo acelerados
queman
todo el oxígeno.

Con los ojos cerrados.
No puedo.
No puedes.
Ruido.
Voz en alza,
creciente
difusa…
Dentro de mi cabeza,
apretándome los dientes.

No más demonios.
Sucios por dentro
a luces varias.
Necesito
matar el virus
que me obliga
a mantenerme expectante.
No tengo miedo.
Los demonios
huelen como yo.
Beben de mi boca
y se me comen
como un pedazo
de carroña
guardada
en conserva
durante más
de una década.

Interminable trayecto en autobús

Odio
El ruido
De las voces
Estridentes
Y agudas
Que resuenan
Para sí mismas,
Con el oído propio
Como pared de choque.

La risotada
Interminable
Desagradable
Y áspera
De quien
Olvidándose
Del mundo
Le prende fuego
Sin preocuparse
Siquiera.

Odio
No pensar.
No pudiendo.
No sentir
Quedarme ante el frío.
Humedad.
Todo el polvo se viene abajo.
Mientras
Se me escapa el alma
En cada malsonancia,
Cada ruido
Que sin ser buscado
Me encuentra
Y me deja los tímpanos
Como témpanos de hielo.

Al menos,
Ya comenzó el frío.

lunes, 24 de octubre de 2011

Basura a medio camino del frío

Me gusta
calarme
cada uno
de los huesos.
La lluvia se me cuela.
Hace demasiado
que No.

Necesito ahogarme,
no tragar
polvo
durante unas horas
y respirar con los
pulmones abiertos.

Descansar la vista
en un punto frío.
La ventana me vale.
El cristal
manchado.
Vaho.
Otoño.
Otoño.
Maldito otoño
que tardando en llegar
languidece
en un prolongado
punto y seguido
irregular
e inquietante.

Aunque mejor así.
Demasiado calor
quema
hasta la última neurona.