miércoles, 22 de agosto de 2012

Corazón que sofoca

No por amanezer
de forma continuada
se practica el escapismo
de las horas de sueño.
Noches cerradas,
a cal y canto.

Secuencias sin interludios
o intermedios de sueño.

Lágrimas
cayendo por debajo
de la piel.

Amaneze
y un reguera tenue
de frío me paraliza
la garganta.

Siempre cae la noche,
sin demora,
interpretando la canción
que todos conocemos,
que nadie oye
mientras duerme profundo,
pero que en mi caso
escucho hasta la saciedad.
Un lamento,
un sonido prolongado,
en una sola nota sostenida,
aguda y ahogada.
Un lamento sin tristeza alguna,
como gritos de gato
mientras cierras el saco...

La noche me conmueve
y me incita a perderme.
En mí, entre mí, conmigo...
Procuro cerrar los ojos
durante el día,
para que al anochezer
sea mi oído,
y no mi vista,
quien me dicte
la pauta a seguir.
La locura interminable.
El corazón a bocanadas.

Hojas amigas

Demasiado profundo.
Honda hondonada...
Otoño,
con cada uno
de sus rascacielos.
No paro de apartarme
malditas hojas de la cara.
Blandas, opacas y ásperas
hojas en mi cara.
¿Para qué engañarme?
No por insuflarme
espíritu de otoño,
y quitarme mosquitos
imaginando que son hojas,
dejará de ser verano.
Verano de calor y más calor.
De falta de calidez.
Mustia sombra
la que me acompaña.
Mustio todo,
excepto el bochorno
que del sol se me adhiere.

martes, 24 de julio de 2012

Zorras y vino deshilachado

Riesgo.
Cardenales
de un negro
apasionado
en la planta izquierda
del pie.
Tras una caída aparatosa.
Tras resbalarme con
mi propia
sombra y
pisotear un corazón
que convertido
en zapato de cristal
sólo sirvió
para un último vals
de sudor y sangre.

Las fuerzas
no siempre
pueden servirse.
Mi cuello alberga una tensión
que desarticula mis gestos,
consiguiendo tornar
mi fijación de músculos
en deforme consonancia,
en un frío
e hierático semblante.
Sin arrugas ni vida.
Como uno más...

Necesito un buen boca a boca.
Que se me salga hasta la última gota
de agua salada de los pulmones.
No atragantarme más con la lengua,
a no ser que sea ajena,
y comerme el mundo
ensartando sus negras nubes
con las astillas que tengo clavadas
entre cada órgano, ...
                             cada voz, ...
                                               cada paso...
Y que si hay algún  miedo...
 Que salga de tu garganta
mientras mi esperma se disuelve en ella.
Miedos con esencia a vida nueva.
Pesadillas de escaso valor.
Autopistas de noche
No hay más amanezeres.
Se escuchan grillos,
gritos...
y orgasmos ideados.
Idílicas muestras
de que algo se mantiene latiente
entre las horas de días muertos.
Piel de serpiente.
...Te toco...
Tienes piel de serpiente.
Abre tus piernas
y ofréceme la manzana.
Tan sólo necesito
tumbarme al sol
con semejanzas a iguanas,
y sacar la lengua
para sentir la brisa.
(mientras el sabor
de la manzana
se corre por mis labios...)

Vamos! Vamos!

La voz ronca
de gritar
a todo
lo que me rodea.
Ataques de ansiedad,
mientras
el control se me escapa
de las manos.

No sé si caeré
rendido
en mitad de la calle,
o seré pasto
o abono
de cunetas frías.
Mi cuerpo está
convaleciente,
herido
y precozmente
envejecido,
por el exceso de miedo,
el sofoco
de ver arder mi cerebro
mientras duermo,
y esa nauseabunda sensación
de ansiar algo
tan profundo
que en su ausencia
se me quiebra el alma,
hasta dejar un trazo
cenízeo,
irregular,
tenue y oscuro;
con forma
de corazón.

lunes, 16 de julio de 2012

Sacramento Road

Tango.
Copas a ritmo
de un sexo
que se cueze.

Más lento que nunca,
como si nos hubiésemos desgastado.
Conocido y revisado
hasta una saciedad que turba.

Labios de roze lejano,
penetraciones
apasionadas
por el deseo mismo de la pasión.
Sentirme dentro tuya
y al mismo tiempo, no verte.

Mis pulmones son cuevas
de vampiro
y me huele el aliento a ajo.
Se me mueren las arterias
y no tengo siquiera sangre
con que formar la escena del crimen.

Caeré. Aún no.

Ojalá haya una mano
entre mi cara
y un suelo.
Duele.

(Te)Ansío...

                     ...Acabar.

Ojos cerrados
Sentir(me)
especial
sin serlo
en nada.

Nunca tuve tanto miedo,
del tono humano en voz,
de pasarme de ganas
y encontrarme con las cuerdas
vocales
esparcidas por el suelo.

Y el alma,
tatuada,
bajo los párpados.

Poco

Caballos sin alas. 
Arenas tibias, 
árida...
y llenas de monstruos esquivos. 
Lanzas de garganta emergente.
Corazones de piedra en el riñón.
Ganas de algo.

Sobreposeído...

Un estómago gris.
Padecer,
demasiado parecido
a comerse las uñas.
Satán de cartón piedra
a la vuelta
de cada esquina.
Frío.
Con la frente ardiendo.

Piel.
Marcas de astillas,
como clavos
de cristos muertos.
Agujeros hondos,
como pozos sin fondo.
Pedir un deseo.
Morderse(me) los labios,
las ganas de todo,
la propia boca
del estómago.
Días ácidos,
de insufrible acidez.
Piel quemada.
Sudor anulado.
Sabor a ranzio
al mirarme al espejo.

Estirar cada órgano interno
para tapar las grietas.
Sacar a la luz hasta la última
última última última última
gota de sangre,
seco,
y asir hacia mí la vida.
Tapar los posibles abismos,
y atarme por el cuello a lo alto.
Ahorcar mis demonios,
correosos al morbo,
y escalar hacia lo alto,
clavando mis dientes en la cuerda.
Me llevará un buen
puñado de noches
alcanzar algo.
Sentir nada.
Iluminar mis manos.
Mereze la pena.
Vivir.
Alejando de la muerte
el reflejo de mis dedos.
(Cansado de acariciarla).

Tendencia al horror;
Envolverse en compresas usadas
y fingir un asesinato.
Simposios mentales
acerca del cáncer.
Rabia.
Corazón(es)...
Explosión volcánica
mientras me escondo bajo
una mesa de madera barata.
Encontrando la calma
del que sin temer la muerte
siente una ilusión
por seguir cercenando malos
tramos de camino
hacia el núcleo mismo
de la tierra prometida.

jueves, 12 de julio de 2012

Droga Droga Droga

No hay suficiente angustia.
No hay...

Techo sobre mi hombros.
Hueco
cóncavo
donde antes
reposaba
un puñado
maltrecho de arterias.
Voz rota.
Apresado
y reprehendido
por la Justicia
moral
que gobierna
el cielo en
la tierra.
Cansado.
Quizás cada vez
menos acompañado.
Más sólo.
Ni mi ideario mental
ni mis labios
ni el suelo que piso
tienen ningún privilegio.
Son parte
más de un mundo
que sin apresurarse,
por desgrazia,
se me desmorona.

domingo, 1 de julio de 2012

Santa Claus intravenoso

Queda la boca.
Puedo escupir sangre,
mover la lengua
entre los dientes.
Cortarme la respiración,
inflándome como un
pez
globo.
Un agujero negro
con el cual introducirme
en sociedad
o ensuciarme
entre sus bajos fondos.

Me queda la boca,
cuando no me queda
apenas nada.
Derrumbado el techo
con el cual
resguardarme
cuando empieze a granizar.
Con un corazón,
que de agrietarse
crea moho entre sus venas.
Habiendo perdido
un puñado inexacto
de latidos.
Siempre ajenos.
En adopción, propios.

No me queda ilusión
para excitarme,
pensando,
todo lo puedo.
TODO
absolutamente
TODO todo todo todo todo todo todo...

Mi alma sufre de anorexia.
Gramo a gramo.
Mi piel se muda
como la de un basilisco,
hacia tierras más húmedas.
Con los párpados hinchados.
Sangre coagulada bajo ellos.
Un temblor entre los dedos.


No he abierto los ojos
en el mejor momento.
Me ha tocado día de colecta.
Me han arrancado los órganos internos
para venderlos a prezio de coste.
¡Nada,
y si digo nada,
es nada!
El humo, intangible y espiral,
no vale siquiera 
lo que me falta de alma
para sentirme completamente humano.
Si me quedo hueco,
matroska,
que me rellenen con paja.
No importa si
el paisaje huele a monóxido.
El olor es buen punto de partida
para poder deambular
ciego de sensaciones
olfateando, perro mundo,
restos de rastro de restos
de un corazón mutilado.


domingo, 24 de junio de 2012

Transporte hacia tus pies

Voy a estirar los dedos
para llevarme
en las uñas, entre
ellas,
los pedazos
de un mundo
con ansia de derribo.

Con la piel muerta
y los ojos cansados.
La boca llena
de sobras,
del día de ayer.
Sabiéndome a mañana.

He llegado a medir
la altura exacta,
para ver desde lo alto
como llueve
y se encharca
un mundo,
suzio, suzio, suzio;
en el cual residen
pequeñas razones
de existencia.

Tristes arpones
sacados a presión
de cada ventrículo
que bombeaba demasiado.
Ballenas varadas.
La orilla queda demasiado fría.
Nada, calienta (a tientas).
Seré un pedazo más
de mundo.
Un pedazo más de labio,
carne, o párpado,
que alguien guardará bajo sus uñas.
Pruebas mediocres de un crimen.
Medias noches, amargas.
Remediables medios rozes.
Sabor a cobre.

Habiendo sido, siendo,
comprendo,
que nada es tan complicado,
como cerrar los puños
sin aplastar ninguna sensación.
Quememos el mundo juntos.
Desnudos.
Toscos y  entre-cosidos.