viernes, 18 de abril de 2014

calor ausenzia frío

No reluze el corazón por dentro
ni en su interior la carcoma
se induce al sueño
como si de un impulso
desastroso
y pendular
sus rayos de luz
quedaran huecos.

Aliento de miel.
Agreste denotación
silenciosa.
Fraude de sobrelatido,
confrontazión de
blancas manos.

A distanzia (¿?)

Alza el vuelo
el cóndor,
preso,
hazia el final
del mundo
en una caída
libre
que lo libra
de las enredaderas del suelo.

Bajo sus patas
su sombra se mezcla
con los latigazos del tiempo,
hundido, como de cera,
impasible al oleaje
que del sentimiento se nota.
(Lluvia débil entre nubes grises)

Sombras trenzadas
a mano cambiada,
en la velocidad,
el vapor y la luz
que de entre las ramas mustias
y por mustiar,
de los árboles y valles,
se dejaban filtrar.

Esa sensazión de vazío.
Ese ínfimo pulmón de inquietudes
y sueños, abriéndose y (en)cerrando
mi alma
a escasos centímetros
de un corazón de machadas.
Ni todo fluye siempre con fuerza.
Ni siquiera el amor,
la quinta esenzia del sino,.

Dícese del amargo del alcohol
que quema como fuego lo que toca.
Amargo regusto que a buena honra se paga,
se anhela y se rutinariza.
No por ello pierde fuerza.
No por ello debe serle permisivo.
Pero ante el capricho del azar,
el alcoholismo es Diablo sin juizio,
y la estupidez humana un arma de dobles
sentidos.


jueves, 20 de marzo de 2014

Todo no es piel

No todo es piel...

Apenas hay sombra,
todo es luz,
clara,
polivalente,
ensordezedora, luz
a ras de alma...

Se abre la ventana,
las cortinas, limpias,
con olor a limpio,
dejan pasar el viento,
huracanado
y tempestuoso.

Tan tempestuoso
como insuflarle aire
al Diablo en los pulmones
si pierde el aliento.

Su piel blanca
de escarcha.
Esculpidas las sábanas
en el mármol,
la arcilla universal
hecha arcilla,
piel y huesos.

Toco casi el zielo,
sin levantarme de la cama.

Mis manos, aprietan sus tobillos,
agrietando ese temblor
,con olor a orgasmo,
cada grito,
mientras sus muslos abiertos,
permiten que recorra
los túneles del tiempo,
                                           (...sabor templado a templanza de dioses...)

Aceleras la respirazión.
Sales ardiendo.
Te consumes
de forma espontontánea,
y huelo tu corazón,
bombeando sangre
y más sangre,
mientras mis manos
escenifican la conquista
de Constantinopla
a ultranza de moral impuesta,
y el desacralizado plazer
de perder cada gota de saliva
gritando
como un energúmeno
mudo, marcando el ritmo
de mi ira, mi indezenzia
y mis sueños
con mi lengua...

Cuerpo de monda de limón
boca abajo.
Espigas de bucle dorado
caen por tu cabeza,
invadiendo mis sábanas,
mis mareas de tela...

Con el reverso de mi mano
dejo impresas carreteras
de cicatrizes 'a uña viva'.
Viaje en busca del Dorado,
en un mar blanco
de labios hinchados
y voz fina.               (...)                              (...Como un canto de sirena...)

Cierro los ojos.
Huelo y saboreo
el talento innato
de la fortuna
de arrojarme al vazío,
entre los huecos de tu cuerpo,
y salir indemne...

Sé que no todo es piel.
Todo no es piel.
Hay voz y alma
y pasión desaforada.
Hay amor.

No hay mayor amor al arte,
que desviar la mirada
mientras entra el sol por la ventana.
Esa que antes
dejaba ondear cortinas
dejaba ondear con viento
los bucles de pelo dorado
mientras la mañana
huele a la sordidez
del éxtasis del exceso de piel...


domingo, 9 de marzo de 2014

'Deslizarse' hazia el oso...

Desperté sentado junto a una secuoya. Aturdido. Desperté sin saber en dónde estaba ni que me había llevado allí. Las manos heladas y los labios rotos casi por completo. Una sensazión de desazón me recorría el cuerpo. Mentiría si dijera que el porqué de donde me encontraba me era indiferente, pues despertar en tierra de nadie, con las manos de otro, y el corazón acelerado no es zielo ni tierra en mi día a día. 
Me incorporé despazio. La prisa es de cobardes. Me quedé de pie, primero sobre mí mismo, y más tarde, apenas unos segundos después, apoyado en el tronco de la madre secuoya, que se erigía sobre mi cabeza hasta alcanzar las nubes más rezagadas de la cúpula celeste. Un tronco rudo como mi voluntad, de un castaño cobrizo. A mi alrededor decenas o cientos de troncos que formaban un mapa de cortezas vivas, presencias vivas, sobre la que sostener el alma de todo un bosque. Pilares de madera sobre los que dejar caer la espalda, cansada en el sobresalto de buscar un punto reconocible que me sirviera de guía.


En tan sólo un instante se me vino a la cabeza el motivo de mi sitio. Empecé a sitiar ideas, hilvanar un 'conque' con el cual encontrarme a mí mismo. 

La caza del oso...

Fui al bosque para cazar un ejemplar, el más grande que pudiera. No tenía motivos para ello, o al menos no los tenía una vez hube despertado. Estaba solo en mitad de una nada de árboles y olor a otoño. Quizás era otoño, o pasar la noche entre el frío glacial de la naturaleza me había congelado un poco el alma, los sentidos, y por consiguiente la eficienzia de mi pronunciada nariz.

Toa la vida he estado obsesionado con la caza. He apostado mil veces mis ojos en sombras y luzes intermitentes en el quehacer incomprensible de interrumpir la falta de sosiego. El aliento ajeno, mudo y en aras de quedarse en pausa me ha robado horas y horas de sueño. Desde joven me lanzé siempre en un impulso imprevisible hazia la gran verdad que se esconde en la piel ajena. Pronunciadas zarpas y colmillos. Demasiados colmillos para restar importanzia al hecho de que esa búsqueda por esclarecer un impulso podía costarme la vida. Siempre me sentí vivo en el borde de la navaja, al filo de lo imposible, respirando de los pulmones mismos de la montaña, las estaziones esenciales, el fuego fatuo del tiempo...

Desperté por no dezir nazer, de nuevo, en cierto modo, como cada mañana. Esta vez, como un sol de trémula presenzia, el frío me podía y los vestigios de la noche me podían sobre las espaldas. Tenía el cuerpo cortado. La voz rota, de tos pronunciada, y un dolor en el pecho me hicieron pensar que no había sido buena idea perderme sin pensar.

(...de nuevo...)
                        (...por viejo...)

Cerré los ojos y contuve la respirazión. Inspiré hondo y eché el aire con todas mis fuerzas.

Ahí estaba él.

Ante mí, como una sombra de pelo y garras afiladas estaba el oso. Podía ser cualquiera, pero era el oso que había estado esperando. Abrió la boca mostrándome las simétricas puntas que a lo largo de su dentadura formaban un cepo de marfil perfecto. Perfecto como cada latido que en tono desacompasado temblaba dentro mía, en mí mismo, por cada recoveco de músculo y sangre de mi cuerpo.

La gran bestia parda, portando en su aliento una 'gran verdad', amarga e irresoluble. No tuve miedo por mí. Estaba inquieto en la incomprensible ausenzia de miedo. El animal gritó como un dios crucificado sin abrir la boca. Me lanzó chispas por sus ojos. Su aliento olía a fría noche. Sabía que había estado acechándome, y contuve la respirazión al darme de cuenta de que me había dormido esperando que se acercara. Quería tenerlo cara a cara, frente a frente.

Alargó una de sus garras y me destrozó la camisa. Empezé a sangrar, primero débilmente, luego, no tan débilmente. Y me dí cuenta de que todo mi cuerpo tenía marcas cicatrizadas de garras. En todas direcciones, en todo sentido. Tatuajes de una vida de garras animales. Y me eché a llorar.
No por el hecho innegable de que este encuentro podía arrancarme la vida, sino por todas aquellas cicatrizes que no podía recordar haberme hecho. Errores de una vida relegada a la desidia de una amnesia. ¿Voluntaria y decidida? ¿Deseada?

Puse mi mano derecha, con la otra me sujetaba el pecho justo donde me había marcado con sus uñas de oso, y la coloqué enzima de su cabeza. Se me quedó mirando con la desesperanza de saber que tenía que comerme o acabar conmigo. No le culpo en su apuesta. Quien de impulsos vive, traga agua hirviendo...


Desperté, sentado frente a una vida de dudas. Me fui haciendo a la idea, noche tras día, del 'escapismo'. Repetí raptos de fe y encuentros en mitad de la madre tierra con el mundo animal. Mi cuerpo no me lo podía negar. Cada cicatriz, cada pedazo de carne, cada mustia arruga... Cada sensazión de unión a la causa...


La caza del oso. Su aliento, sus manos y garganta; su olor a hojas húmedas, su fuerza, presenzia, hermosura eran reflejo. Reflejo mi propia sombra, de la atenuante indisposizión a encontrar más motivo que la locura, la batalla, el encuentro con LA BESTIA, como si de un ser mitológico se tratara. Olvidé todo, me olvidé a mí mismo y me obsesioné por cazar al oso, a cada oso cazado, como si fueran mis propios...

                                 ...miedos, mis ilusiones y fantasías.

Corazón en epopeya. Un inquieta angustia se me metía por dentro. Se me sigue metiendo. Casi puedo olerle el aliento a esa criatura. Casi pudo oler el otoño, aunque quede bien lejos. prieto los puños, y abro los ojos. Ni siquiera me preocupo por cerrarlos antes. Secuoyas y bosque suntuoso, con un sol que empezaba a morirse, a marchitarse como mi propia voz. Se me hazía de noche, y no tenía ni la piel del oso a la espalda, ni la muerte anunciada cuando creía haber sido atacado por el mismo. No hay osos en campos de secuoyas, no hay demonios donde mora el sueño. Sólo luzes tenues y sombras alargadas, que como sombras chinescas deforman la vista apercibida, regalando una ilusión al 'ojo que no ve, y el corazón que desoye...

Grandes osos vagan por la mente humana, con hambre voraz y paso asentado. Osos sin intenzión ni motivo. Alusiones de majestuosidad, pelo y garra afiladas. Y mientras tanto, yo sigo oliendo el otoño cuando me decido a despertarme tras sentir que se acercan para marcarme a 'muesca viva' revolviéndome en el frío, la vida...
                   
 la vida...

la vida...

miércoles, 16 de octubre de 2013

Sazó y melamina

No podía pensar con demasiado claridad. Una atmósfera de rudo carácter le tenía anclado al sillón. Inmóvil, con la mirada fija en un agujero de la pared. Muerto. Aparentemente muerto. Nadie podría asegurar que hubiera pulso en sus brazos o su garganta, siquiera acercándose. Aunque nadie nunca lo había intentado.

No podía pensar con claridad, todo daba vueltas,
arden bosques de eucaliptos en la lejanía
y huele todo a quemado.
El humo le asfixió durante un segundo.

Pensaba que le gustaría
acercarse a la boca el sabor del humo.
A fin de cuentas ardían eucaliptos,
no sustancias tóxicas de alguna central
nuclear, hidroeléctrica, Park...

Catarsis y reverberación de orgasmos
entre los dientes y el labio inferior.
Gimes con locura... pareces viva
y sigo sin pensar demasiado.

Hueles a miel fresca
Hueles a miel
miel fresca miel fresca

martes, 15 de octubre de 2013

Vuelta a la vida

Amante de la desesperanza
de pisar cristales rotos.
Poca cosa de importanzia,
entre tu voz y la mía.

Nada que objetar...
...o demasiado...

Ya no hay apenas un paso
determinado (suplico)
que pueda comerme o morder
para evitar
la mutilazión de mi propia alma.
Sigo avanzando.

Recuerdo, recuerdos, mal sabor de boca...

Trasiego de embolias y muertes negras,
tus uñas se rompen en mi cuello,
hay suficiente sangre para dar vida al amor.

Locura! Coyuntura de titanes
arrastra mi paso hacia un lugar calmado
y dime el porqué de la falta de luz.

Empiezo a correr como alma llevada por el diablo,
                       ...sin propia alma según marcan mis párpados,
                       cansados de hacer tratos con la noche...
mientras un sol calienta mi cuerpo adormecido.

Hazía tiempo que no me encontraba perdido
entre la piel blanca, el sabor a otoño tardío
bajo los efectos del placebo 'latir'
lengua contra lengua, contra lengua, contra lengua...

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Muelas sin juizio previo

Pies desnudos,
de caminar sobre mojado.
Pies húmedos y desnudos.

¿Acaso puedo siquiera pisar el suelo,
son quedarme anegado
perdido perdido
entre esos charcos
de barro, hierbas y hojas secas
que forman el camino?

Santa hermosura,
de días grises
y dientes turquesa.
Amanecer que lo envuelve todo...
Amanecer de nuevo rostro...

Un viento desnudo
ruido y olores
suaves.
Madrugada de tibia presenzia.
Tenue, apacible.
Un silencio rematado por una brisa
de sabor a calor y óxido.

Dejo los ojos entreabiertos
y noto casi como se escapa el sol
hacia la mañana.
Aunque aún es pronto.
No quiero abrir los ojos...
No

Aparto mi piel,
mis pelos y mis labios.
Nada importa. Solo lo aparto.
Me quedo sin nadie cerca
como siempre.
Amargas bestias
de sombras alargadas.
Estrellas de mala fortuna.
Detino de soñadores en 'sfumatto'.
Cierro los ojos con fuerza
y me quedo oliendo mis manos.

Ahora sí huelo la noche.
Huele a nuevo,
a critales rotos,
humedad y calor.
Respiro despazio,
olvidando que existo.
Sólo, respiro...

martes, 4 de junio de 2013

Persiguiendo el Holocausto

Están ahí,
apenas sin moverse.
Estás ahí...

Los ojos se clavan
hasta lo enfermizo
tendiendo a creer
en la belleza.

Nada importante tanto
como arrancar
del mundo
sombras, sombras
y más...
...sombras.

Luz ócrea sin olor determinante.
¡Huelo en ti la vida!
Se me atrofian los músculos
con la vejez que emana
de cada nuevo instante.

He dezidido no abrir los ojos,
que se clavan hasta lo enfermizo,
y quedarme con la sensazión
de que hay alguien zerca.

Por más que alargas la mano
no consigues tocarme.
No estoy tan lejos.
Sé que lo intentas,
aún sin levantar los dedos
para tocarme.

¿Vendrás a por mí
al caer la noche
de brisas muertas
y emparedadas pausas?



martes, 14 de mayo de 2013

No me quedaré aquí,
   dijo el espectro.

Se marchó, recogió sus manos tristes
tristes manos,
y echó a andar
campo a través.

Espanté mis fantasmas,
me conduje hazia lo razional
y sonreí.
Sonreí,
como si mi corazón mustio,
mi falta de alma
y la soledad
cresciente y armada
en dientes rotos
de apretarse,
fuera motivo suficiente
para pensar que la vida
tiene más sentido.

miércoles, 24 de abril de 2013

Día a d í a

No toda voz
se abre
hacia fuera.
Me repito

Una mala amante
de alas negras
se despliega
sobre mi cabeza.

Nubes oscuras,
sin día de tormenta.
Todo
muy
rápido.
Olor a noche prematura.

Tristeza.
Desheredarse
del suave rumor
que tener la certeza.

Amaina mi pulso
y me encuentro
desde lo alto,
que la altura me permite,
contemplando
como el sol se apaga
sin dejar a la vista
ni miedos ni sombras.

Manto de nubes negras,
brillante.
Estrellas
con carne,
hueso,
y filosofía de pérdida.


martes, 23 de abril de 2013

Satén

Hacia adelante
con una venda
tapándome los ojos.

Restregarme los ojos.

No me salen las cuentas
de perderme
en mitad
del mismo
infinito.

Soledad de vacas flacas.
Piel fría.

Demaisado.

Atragantarme sabiendo
que todo
acaba,
que el alma envejece.